lunes. 04.07.2022
El ejemplo de mejora más notable lo encontramos en el señero edificio que, con vuelta a la calle Cascalería, es una obra del arquitecto Manuel de Cárdenas fechada en 1903. Sería reconstruido al inicio de la presente década, después de casi diez años que el proceso estuvo paralizado a causa de distintos procesos judiciales que enfrentaron a inquilinos y propietarios. La espera mereció la pena, pues nos encontramos ante el mayor edificio de viviendas que se erigiera a principios del siglo XX. Queda todavía un gran punto negro en el enclave, ese icono histórico leonés que supone el viejo caserón que se alza en la plaza y en la actualidad, desgraciadamente, presenta un lamentable estado de ruina y abandono. Pero acerquémonos hasta este rincón del León antiguo en una de las noches de verano, para sentarnos en uno de los bancos y contemplar un caserón al que la historia, o la leyenda, relaciona con aquel ilustre personaje leonés que fuera don Gutierre Fernández de Castro. Un caballero tan notable que el propio Alfonso XI, distinguiera con el siguiente lema: «Nobleza de corazón tuve siempre por blasón». Habrá que remontarse hasta el año 1330, cuando además de los sucesos de la calle Matasiete, recordemos a los caballeros don Gil Pérez y don Juan de Velasco, las calles de la ciudad se llenaron de sangre. Cuatro soberbios miembros de la nobleza local, don Ramiro Núñez de Lara, don Pedro Álvarez Osorio, don Pedro Ruiz y don Juan Robles, se sublevaron contra el monarca. Pero un grupo de leales vasallos, entre los que se contaba Don Gutierre, reduciría a los sublevados, abortando tan tremenda conjura. Una vez presos, los traidores fueron llevados al castillo de Cea, donde sufrieron el castigo a su desafección. Después de aquellas enconadas luchas, la paz volvería a la atribulada ciudad.

«Nobleza de corazón»
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