lunes. 15.08.2022

—Insiste en las posibilidades de desarrollo de León, en la importancia de creer en ello,... Es también un mantra que se repite. ¿Qué hace falta para que se convierta en realidad?

—Es complicado, porque hay un factor educacional muy importante. Decimos que los jóvenes quieren irse, pero somos los padres los que les hemos empujado. Si los mayores no creemos en León le diremos a nuestros hijos que se vayan. Que estudien fuera, aunque tenemos una buena Universidad; si puede que trabaje fuera. Aunque en las grandes capitales no viven mejor. Ni ganan más en la práctica. Se les abren algunas posibilidades, pero la calidad de vida de un lugar como este es mayor. Si desde niños están oyendo que León se muere, al final acabamos matándolo. La dinámica tiene que cambiar. León tiene mucho margen para mejorar, no vamos a negarlo, pero tiene que ser un proyecto común. No van a traer aquí la Renault, pero hay muchas opciones que explotar. Y hay que ser también autocríticos: desde la Cámara hemos organizado muchos cursos de formación, y nos cuesta que los jóvenes participen en estas opciones para su futuro. Es que a veces hay muy poca voluntad de trabajo y esfuerzo. Eso hay que corregirlo.

—¿Cómo analiza la Gran Dimisión, que haya desempleo y muchos sectores no consigan trabajadores? ¿Dónde está esa fractura?

—En la educación. Soy del sector de la construcción, hay muy pocos padres que no quieren eso para sus hijos, a pesar de lo que el trabajo ha cambiado, que tiene mucho futuro. Pero los padres no queremos eso, y los hijos también se resisten a un trabajo que es físico. Y otra realidad: la mayor parte de los que vienen a los cursos que ofrecemos son extranjeros. Será que aquí no interesa. Efectivamente, hay una fractura. Todos hemos querido hijos universitarios y no hay trabajo para todos ellos, sino para otros oficios. O ajustamos eso o seguiremos teniendo un problema. Por eso estamos negociando para que vengan trabajadores de otros países ya con la formación necesaria a cubrir los puestos que aquí no conseguimos contratar. Ese es el modelo que nos queda. Con los índices de natalidad que tenemos en el país tiene que venir gente de fuera.

«Los padres hemos empujado a los jóvenes a irse»