domingo. 07.08.2022

La herida sangra sin cesar. En estos años escasos en precipitaciones, el estrés sale a flor de piel en el praderío de la montaña leonesa de Arbas y La Tercia, donde la actividad predominante de los pueblos necesita de los cauces en los que abrevaba el ganado desde tiempo inmemorial. Hay datos que miden la amplitud del saqueo de agua que dejó la obra del túnel de la alta velocidad: son 320 litros por segundo, de media, en una anualidad hidrológica poco generosa como esta; que es lo equivalente al año a un tercio de la capacidad de reserva del embalse de Casares, de cabecera en este área; que se traduce en una suma total desde que se abrió la espita a la par que avanzaba la horadadora (hace 15 años) en una cantidad de agua similar a lo que retiene el embalse del Porma, más de 150 hectómetros cúbicos de agua en estos tres lustros.

Los daños han reventado las arterias de 20 acuíferos de seis cuencas hidrográficas (del Huerna, del Rodiezmo, del Folledo, del Casares y del Bernesga).

Mientras se resuelve el litigio emprendido con el fin de que Adif se vea obligado a restañar el daño con medidas correctoras y compensatorias, el vía de agua no se detiene; se afronta otro verano complicado para las economías locales que tienen en la ganadería su único asidero de supervivencia; cuando el estío avance, se volverá más complicada, con el suministro de agua a los pueblos.

La pérdida en 15 años equivale a la mitad del embalse del Porma
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