viernes 27/11/20

Playas de interior y con agua dulce

En verano no todo es costa o piscina. Las playas fluviales ofrecen una alternativa gratuita y natural para darse un chapuzón sin desplazarse demasiado. Nueve opciones diferentes más un pequeño lago te esperan en León
Las aguas del río Boeza dan vida a la playa fluvial de la Ribera de Folgoso, uno de los lugares más bellos del Bierzo para disfrutar del verano.
Las aguas del río Boeza dan vida a la playa fluvial de la Ribera de Folgoso, uno de los lugares más bellos del Bierzo para disfrutar del verano.

Aquí sí hay playa pero fluvial, cambiamos la arena y la sal del mar por el césped y el agua dulce de los ríos. El calor veraniego ha llegado para quedarse y las piscinas se llenan de gente que busca esquivar el bochorno. Como alternativa a este típico plan de las tardes leonesas, han ido surgiendo zonas naturales de baño, las conocidas como playas fluviales. Por este motivo he decidido realizar un viaje para visitarlas y comprobar si son tan buenas como las pintan. La gran mayoría de ellas se encuentran en el Bierzo aunque también aparece alguna en los márgenes del Órbigo, en total son diez los espacios fluviales disponibles para que turistas y vecinos puedan darse un chapuzón y refrescarse cuando el tiempo acompañe sin tener que conducir durante horas hasta el litoral. Y es que este tipo de entornos acuáticos ganan adeptos año tras año ya que constituyen una alternativa atractiva y gratuita sin necesidad de entradas ni gorros de baño.

Mi periplo comienza una soleada mañana cuando me aproximo a Villafranca del Bierzo, allí está una de las playas fluviales más famosas y concurridas situada en el cauce del Burbia. Se encuentra en un enclave natural tranquilo y de excepción. A lo largo de la ribera del río se ha acondicionado una zona de paseo y es allí, precisamente, donde se sitúa la playa, junto a una franja de césped. El entorno es perfecto para tumbarse a tomar el sol durante unos minutos, sin olvidarse del protector ya que el sol comienza a apretar. Es en esos momentos cuando más apetece meterse en las cristalinas aguas aunque no durante mucho tiempo porque están un poco frías.

Tras pasar parte de la mañana en Villafranca regreso al coche, no sin antes echar un último vistazo a la impresionante estampa, y continúo el viaje. Bajo el asfixiante sol de las doce del mediodía me dirijo hacia Toral de Vados, pues en los márgenes del mismo río se encuentra otra playa de las mismas características que la anterior, es un destino muy familiar para disfrutar de una jornada de descanso, sol y aguadillas. Cuando comienzo a caminar con dirección al agua advierto a una multitud de niños chapoteando en una zona en la que apenas hay unos centímetros de profundidad pero suficientes para que los más pequeños se lo pasen en grande. Y aunque, cualquiera pudiera pensar que no cubre mucho están totalmente ataviados con los tradicionales manguitos y flotadores que casi abultan más que ellos. A lo lejos se aprecia una zona arbolada donde descansan los curiosos vecinos que se han acercado hasta allí dando un paseo para ver si aquello estaba muy concurrido esa tarde. Un poco más adelante, casi sin quererlo, me encuentro con una cafetería de lo más visitada y es que durante las tardes soleadas siempre apetece tomarse un helado o algo fresquito. Pero la cosa no queda ahí, paseando por los aledaños me topo con una cancha de vóley-playa y mesas de ping-pon frecuentado sobre todo por jóvenes. Esta localidad pinta un cuadro imponente al ofrecer todas las opciones posibles para que resulte inevitable realizar una visita.

La aventura por la provincia me lleva ahora a la Ribera de Folgoso, también en el Bierzo. Se encuentra apenas a media hora en coche de Bembibre y que cuenta con un espacio de las mismas características inaugurado en 2007. Esta, como ya es habitual, dispone de un césped que invita a tumbarse y disfrutar del sol. Este pueblo tiene algo diferente, algo que llama la atención a los visitantes, y es que tiene hasta cascadas. Está todo previsto para que los jóvenes como los que no lo son tanto, disfruten del reglamentario chapuzón del verano. Sin alejarme todavía del Bierzo y tras recorrer apenas cuarenta y dos kilómetros me topo con otra playa, la de Vega de Espinareda. Estas aguas dulces se han convertido en el principal reclamo para los bañistas que deciden zambullirse, en este caso, en el cauce del río Cúa. Tras recorrer el pueblo me percato de que la tradición de nadar en esta playa viene de lejos ya que fue construida en los años 70 y actualmente se ha convertido en un gran recurso turístico.

De vuelta nuevamente a la carretera, una de tantas que recorren la provincia me presento en Molinaseca. Quizás una de las playas más llamativas a orillas del Meruelo. En esta ocasión veo algo distinto, algo que capta mi atención a medida que me aproximo, un puente medieval. Pero lo singular de este paraje es que por ese puente pasa el Camino de Santiago en una de sus etapas más bellas, la que baja desde el Alto do Ferro hasta Ponferrada. Y no son precisamente pocos los peregrinos que, haciendo un alto en el camino, aprovechan el remanso de las aguas para darse un respiro.

Pongo rumbo a un nuevo destino en el que no encuentro ni arena ni olas pero sí sombrillas y bañistas que disfrutan de las aguas que el río Selmo regala a los habitantes de Sobrado en la playa de Frieras. Tras una breve excursión por los alrededores, observo una pequeña playa fluvial que, aunque de reducidas dimensiones, resulta en cierta medida muy agradable.

Tan solo un último alto en el camino antes de abandonar el Bierzo para contemplar la maravillosa vista del lago de Carucedo. No resulta nada complicado dar con él porque es donde la gente del pueblo y de los alrededores va a refrescarse. Algo que llama mucho la atención, y sobre todo si se compara con el resto de playas fluviales, es la temperatura del agua que es algo más elevada, pero que nadie se espere que vaya a ser como el Mediterráneo; no hay que olvidar que seguimos en León. Al estar allí observando la estampa te das cuenta de que es el lugar perfecto para disfrutar de un día en familia, refrescándose en las tranquilas aguas del lago, relajándose bajo la sombra que proporcionan los árboles de los alrededores y tomando algo en el chiringuito.

En las orillas del Órbigo

Una tupida arboleda de chopos y una sombreada playa fluvial a orillas del Órbigo aguardan en Cimanes del Tejar a todos aquellos que se acerquen hasta allí. He dejado atrás el Bierzo y a poco más de media hora de la capital leonesa se encuentra, en el interior del Parque Público, uno de los elementos más característicos de Cimanes y, por supuesto, que más gente atrae en la temporada estival. Más que una playa fluvial propiamente dicha se trata de una piscina forrada en su totalidad por piedras extraídas del río y que se abastece del mismo. Un espacio natural, libre y gratuito que ofrece la posibilidad de disfrutar de una jornada diferente. Siguiendo el curso del afluente del Esla, pero ahora a su paso por la villa de Llamas de la Ribera, se encuentra la playa fluvial de la población. Se perfila como una gran emplazamiento de ocio acuático para todos aquellos que cada verano deciden acercarse. Sus características aguas frescas son el reclamo perfecto para los más calurosos. En los alrededores también se puede disfrutar de otro tipo de actividades ya que cuenta con multitud de canchas polideportivas, así como áreas para el disfrute de los más pequeños.

Este viaje que me ha llevado por los puntos de baño de agua dulce más característicos de León termina siguiendo de nuevo el curso del Órbigo, en El Rincón en Alcoba de la Ribera. Ya desde el mismo pueblo se puede disfrutar de unas vistas inigualables y en la zona de baño el entorno cuenta con un amplio espacio de césped para relajarse y tumbarse bajo el sol, amén del habitual bar con terraza. También es un lugar muy agradable para disfrutar de un día en familia ya que los pequeños de la casa pueden disfrutar en los parques infantiles mientras que los mayores preparan una buena barbacoa.

Este tipo de alternativas se han ido convirtiendo en los espacios predilectos de los bañistas, por delante incluso de las piscinas, para aquellos que quieren volver a las raíces, a lo que siempre ha sido tradición en los pueblos, nadar en el río y que además ofrece un paisaje inigualable. Puede que el nombre haya cambiado y ahora se conozca como playa fluvial pero el concepto es el mismo. Ofrecen agua, sol y un entorno natural en el que poder disfrutar de un merecido día de descanso y ocio sin tener que desplazarse hasta la costa, sin que te sacudan la arena encima de la toalla o sin el cloro de las piscinas, haciendo así más soportables las temperaturas estivales.

Sandra Alija

@leonalsol

Playas de interior y con agua dulce