domingo 5/12/21

La gran transformación urbanística de León se diseñó en época de abundancia y se ejecutó en tiempo de penuria financiera. De ahí la diferencia del primer proyecto, que multiplicaba metros cuadrados por rascacielos para llegar a las plusvalías y la permuta de terrenos de polígonos ferroviarios y plataformas logísticas, y el resultante; se licitó casi con quince años de retraso, por cincuenta millones de euros y se adjudicó por un poco menos de 25. La estrella de la integración son 585 metros bajos tablero, que sirven de acomodo a la entrada de los ternes a la estación pasante de León, el final del fondo de saco, u dejan un señuelo de modernidad con andenes en piso inferior y vestíbulo abierto a la ciudad y los nuevos espacios en superficie. Así se consolida el nuevo punto de acceso al tren, y una estación que se diseñó como alternativa provisional mientras se desenvolvía el fondo de saco y la marcha atrás de los trenes que circulan desde Asturias y Ponferrada y Galicia.

Ese paso bajo tablero es la referencia; con su pasillo en forma de paseo urbano, y sus lucernarios cilíndricos de colores, nuevo icono de la capital leonesa, más allá de la visera de la marquesina de la vieja estación que se salvó de las llamas.

Y vuelve la valla; la que escolta el pasillo del paseo, y sella todo este cordón, con su efecto de abanico entre la vieja estación y la cicatriz cosida del paso a nivel, con la interrupción de Quebrantos; y la valla exterior, que cerca casi dos hectáreas sobrantes de los antiguos hangares y muelles de la viaja estación de León, que abren una incertidumbre para la ambición de ciudad moderna que había depositado León en ese espacio que se quedó obsoleto para la planificación del Prat (Plan Regional de Ámbito Territorial) que gobernó el procedimiento.

Todos estos elementos ya se distinguen con definiciones sugestivas por parte del vecindario de la zona, que desde Gómez Salazar y Quebrantos ven la estación, lejana y sola; con más vallas intermedias y un espacio que amenaza con convertirse en arrabal en medio de esta reconstrucción vacía de urbanismo. Al vallado contunde que aísla el paseo sobre el ferrocarril se le conoce en la zona como la valla del penal.

La ciudad espera que Adif mueva ficha para reordenar los miles metros libres que deja ese proyecto de depresión de las vías del tren que devolvió la circulación a la estación leonesa. Ajenos a estos inconvenientes en los aledaños, en las últimas horas se aceleran los trabajos para facultar la actividad ferroviaria en el túnel soterrado; las locomotoras 252 y composiciones del modelo 121 transitaban por este área que va a estrenar escenario para la capital leonesa.

Del primer diseño de soterramiento a la depresión de la vía bajo tablero
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