martes. 31.01.2023
LA CRISIS DE LA EMPRESA

Setenta proveedores dependen del plan de negocio de Everest

La Junta decide esta semana si avala el préstamo, que la empresa garantiza con 15 millones de euros
Los talleres de editorial Everest

Han sido meses de reuniones, reestructuraciones, ajustes y propuestas. Esta semana debe resolverse la ecuación de futuro del grupo editorial Everest. Tras sondear otras vías de refinanciación, el esquema a día de hoy es aparentemente sencillo: si la Junta aprueba el plan de viabilidad exigido y las garantías presentadas (y avaladas por un auditor externo) esta semana por la empresa leonesa hay margen para pagar las nóminas, comprar materia prima con la que responder a los encargos que esperan y un respiro para negociar con los inversores aspirantes. Y tiempo para que el préstamo de salvamento se reconvierta en financiación para una reestructuración más a largo plazo, que dé algo de aire a los planes de futuro del grupo.

Si no es así, la histórica compañía leonesa no sólo está abocada al concurso de acreedores o la liquidación, sino que con ella se verán arrastrados los 70 proveedores que sufren hoy con mayor dureza quizá la asfixia de la industria de la que dependen.

Un 80% de ellos desarrollan su actividad en Castilla y León. En total, entre empleos directos e indirectos, el futuro de casi 500 puestos de trabajo en la Comunidad depende de una inyección de dinero inmediata a través del préstamo de salvamento.

Avales

Everest presentó este jueves en la ADE de Arroyo de la Encomienda (Valladolid) la documentación que la Consejería de Economía y Empleo le exigió justo una semana antes a través de una carta, después de descartar la financiación del Banco Europeo de Inversiones (BEI) como vía para solventar las dificultades económicas del histórico grupo editorial leonés.

Es el último capítulo de varios meses de negociaciones, en los que, según fuentes que han asistido a las comisiones autonómicas celebradas, primero se descartó la vía de la financiación al salvamento de empresas en crisis para sugerir a la empresa que acudiera al BEI, cuyos plazos de resolución eran más cortos; después se constató que Everest no cumplía algunos de los requisitos exigidos por la financiación europea y, finalmente, y tras las movilizaciones llevadas a cabo por los trabajadores, se retomó la vía de las empresas en crisis con el compromiso de absoluta celeridad (2 ó 3 días desde la presentación de los documentos) para inyectar un dinero sin el que la parálisis que sufre la empresa puede volverse indefinida.

El préstamo que debe aprobar la Junta asciende a 3,2 millones de euros, y de ellos más de dos millones corresponden a las nóminas que se adeudan a la plantilla (320 trabajadores). Los salarios de diciembre y enero y las extras de diciembre, julio y la mitad de la de beneficios. Con el resto se pretende comprar materia prima con la que atender varios encargos que están paralizados porque los proveedores de papel y otras materias primas ya no fían más a Everest: o hay dinero por delante, o no hay producto. Y sin eso no hay nada que entregar.

El estrangulamiento en la actividad de la empresa se prolonga ya por varios meses. Lo que suma la falta de ingresos que harían posible cumplir los contratos firmados a las dificultades económicas que arrastra. Un círculo vicioso que no hace sino incrementar una deuda de la editorial que supera a día de hoy los siete millones de euros.

En León

«Ahora todo depende de que la Junta crea lo que le ha presentado el grupo», aseguran desde el comité de empresa. Mientras, la compañía negocia con dos fondos de inversión, y ha descartado ya una de las dos ofertas de otros grupos editoriales. Porque la voluntad de los propietarios es mantener la actividad en León, una decisión que quedaría comprometida si alguna de las multinacionales o grandes grupos del sector hinca el diente en el grupo leonés.

«Lo que interesa a estos grupos es quedarse con las licencias y el mercado de Everest, que son muchas y muy rentables. Pero no necesitan ni las naves ni los trabajadores para explotarlas». Y de lo que se trata ahora es de intentar rescatar la actividad y las cuentas de la empresa preservando el empleo y la sede local. Porque aseguran que hay futuro, y que se han tomado medidas para que sea viable. Por ejemplo, la internacionalización, que si bien se acometió tarde es hoy la verdadera tabla de salvación de la empresa. Aunque no su único valor.

En cualquier caso, el tiempo apremia. Everest tiene viabilidad y un plan de futuro, pero su urgencia hoy es paralizar las actuaciones judiciales por el impago de las nóminas, atender las necesidades de sus trabajadores y reemprender la actividad de forma inmediata para no desatender los negocios que tiene firmados. Sin este paso inmediato, cualquier opción de futuro queda comprometida. Esta semana tendrá que darse una respuesta.

Setenta proveedores dependen del plan de negocio de Everest
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