Diario de León

POR EL CAMINO DE FROILÁN

Tocar las narices al santo

Una romería hace cola para cumplir la tradición y tirar tres veces de la nariz de San Froilán cincelada en la puerta sur del santuario de la Virgen del Camino. En romería siguieron al santo hace siglos por todo León. Estos son los rincones por donde anduvo Froilán de eremita.

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León

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Cuentan las crónicas que ya entonces, el pueblo llano le seguía. Que no importaba en qué cueva, gruta o agujero se retirara a rezar, a alcanzar la perfección. Que casi nunca estuvo sólo. Le visitaban magnates y obispos. Le tentaban reyes con el poder de la tierra. Por tener compañía, hasta con un lobo iba. Nunca estuvo a solas en su celda solitaria. La multitud le escoltaba. Una auténtica romería.

Como hoy. Como ahora. Como siempre. No siendo patrón, lo parece. Y ha desplazado a Marcelo, el santo centurión romano, como protector de la ciudad. Algo tendrá cuando la gente tanto le bendice.

En romería, igual que en vida, irá la gente hoy hasta La Virgen del Camino para tirar tres veces de la nariz del San Froilán labrado en bronce por Josep María Subirach en la puerta sur del santuario y luego, o quizá antes, besar el manto de la patrona de León, de la región entera.

Es el camino para llegar a Froilán cada 5 de octubre aunque él recorrió otros antes de ser santo. Le marcaron los caminos a lo largo de su vida, y ahora que es historia.

Nació extramuros de Lugo, en el Camiño de Regueiro dos Hortos, entonces una aldea, hoy un barrio de la ciudad gallega. Era el 833. Tal vez sea parte sólo de un mito pero no consta si en su juventud fue un ladrón aunque sí que estudio hasta los 18 años, tal como en la Edad Media se exigía a quienes se preparaban para el sacerdocio. Una crisis espiritual le empuja a otro camino, el que conduce al Bierzo, cuajado de santuarios y monasterios, monjes y eremitas. En la gruta de Ruitelán, una pequeña población de Vega de Valcarce, Froilán se hace ermitaño. Pero el poder de su palabra y su presencia atrajeron pronto a sus vecinos y extendieron por la comarca el prodigio de su verbo.

Una prueba de fuego le sacó de la cueva. Introdujo unas brasas ardiendo en su boca y como no se quemó, vio la señal divina para seguir la senda. En Ruitelán queda su rastro, una ermita en su honor y la cueva donde vivió apartado del mundo.

Romería a la ermita de San Froilán en Valdorria, donde vivió como un eremita. DL

Por esos caminos de Dios vagó el hombre. Su sendero se vuelve nebuloso. Le vieron por Montuerto y las tierras del Curueño buscando quizá la protección del castillo del rey, y por Aviados, bajo el amparo de los Guzmanes, y en Vozmediano y dicen que por la ermita de Boínas, cuyo camino transitan también miles de peregrinos, y que se bañó en la Cola de Caballo, donde el agua del Valdorria se precipita en forma de cascada y se convierte en otro río, el Curueño.

Y quizá bebiera de la fontana que lleva su nombre en los altos de Rodillazo, donde cuenta la leyenda que el santo hizo brotar un agua pura y fría. La misma leyenda que le sitúa, a él y su tesoro, en la Collada del Marqués.

Los caminos de peregrinación llevan al santo cada 5 de octubre no sólo a La Virgen del Camino sino al santuario de La Velilla.

Nada se sabe del lugar exacto donde fundó sus monasterios, en donde cientos de monjes, hombres y mujeres, conservaron el saber y el deber de defensa en caso de invasión en una tierra azotada por las razias de los caudillos árabes. Uno, el de San Salvador de Tábara, en Zamora, y el otro a orillas del Esla, en un lugar identificado como Moreruela, Zamora también, y el primero, el de Viseu, que algunos historiadores ponen en duda y sitúan más bien en Veseo, el Abesedo de Valdorria. Porque allí, en Valdorria, pasó Froilán al menos 10 años de vida eremita, en tierra de pastores, hasta que el rey le manda a buscar para colonizar con su amigo Atilano otras tierras.

La ermita, a la que se asciende en romería cada 1 de mayo, se levantó con las piedras carretadas por el santo. Él y un burro, que fue manjar del lobo de la leyenda. Porque se desayunó al asno, pero fue obligado por el santo a cargar con el serón. Y ya no se separó de él. Hasta que le hicieron obispo de León. A la ceremonia asistió el rey y la corte en pleno. En la Catedral tiene una puerta, la del sur, y su tumba, un sepulcro construido por Alfonso III en el altar mayor. Para medio cuerpo pues el otro medio reposa en Moreruela por orden pontificia.

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