sábado. 04.02.2023

Tradición pura siglo tras siglo

La Corporación municipal acude, como ocurre desde 1656, al convento de las Madres Concepcionistas para celebrar el día de la Inmaculada
                      Las Concepcionistas, durante la visita de la Corporación municipal. FERNANDO OTERO
Las Concepcionistas, durante la visita de la Corporación municipal. FERNANDO OTERO

La Corporación municipal de León asistió ayer a la tradicional eucaristía del día de La Inmaculada, una ceremonia vigente en la capital leonesa desde el año 1656 y que se celebra en la Iglesia del Convento de las Madres Concepcionistas. Desde el Ayuntamiento de San Marcelo, el alcalde, José Antonio Diez, y los concejales acudieron en corporación hasta el convento de la calle San Francisco donde se celebró el acto religioso. Una costumbre que según destacan desde el Convento de las Madres Concepcionistas, comenzó en el año 1656 cuando el corregidor y los regidores —cargos ahora trasladables a alcalde y concejales— acudieron al convento, titular en la ciudad de la Virgen Purísima.

Desde ese año, el Consistorio nunca ha dejado de rendir tributo en el Voto a la Inmaculada Concepción como consta en el acuerdo firmado en el libro de actas municipales que se conserva en el Archivo Histórico Municipal y que está datado en el 24 de octubre de 1657.

El cenobio, como explica el cronista oficial de la ciudad, se había fundado prácticamente un siglo y medio antes, en 1516, por Leonor de Quiñones, hija de Los Conde de Luna. Recientemente, como es preceptivo, la abadesa de este convento cursó la protocolaria invitación al alcalde para que apruebe esta presencia de la Corporación en el Convento que se ha plasmado esta mañana con la celebración de la eucaristía.

Posteriormente, ya fuera del convento, se desarrolló el rezo y el canto de la Salve a la Virgen junto a la hornacina ubicada en la plaza Mayor. En 2020, debido a la situación sanitaria derivada de la pandemia del coronavirus, el alcalde José Antonio Diez y Máximo Cayón, realizaron la tradicional celebración en una visita privada.

Tradición pura siglo tras siglo