domingo 22/5/22

Una ruta que es la leche

Sosas de Laciana muestra a los turistas cómo se elaboraban la leche y la manteca a principios del siglo XX a través de un curioso itinerario. Una aventura estival para adentrarse en las entrañas de una lechería hidráulica y su entorno rural

León se nutre de vida gracias a su provincia. Apenas a una hora y media de la ciudad, se puede respirar profundamente la tranquilidad que emana del valle de Laciana, un territorio plagado de montañas escarpadas y antiguas minas de carbón. En un pequeño pueblo de la comarca, Sosas de Laciana, los habitantes decidieron hace 15 años mostrar al resto su paraje. Idearon un proyecto estival que empieza ahora a dar sus frutos, es la conocida como Ruta de la Lechería. De esta manera, ofrecen a los turistas una aventura a través del tiempo para enseñarles cómo se preparaba la leche y la manteca hace casi cien años.

Son un total de tres horas a lo largo de 6’2 kilómetros que permiten conocer a fondo cuál era el sistema y cómo funcionaba una lechería hidráulica a principios del siglo XX. Se puede disfrutar de la ruta todos los domingos de julio y agosto a partir de las 10 de la mañana. La visita de la lechería cuesta tres euros por persona y el recorrido completo cinco euros. Además, los menores de 12 años no pagarán. Aunque la aventura de los vecinos de Sosas comenzó hace tres lustros, la trama cogió fuerza dos años atrás, cuando las subvenciones permitieron a la junta vecinal forjar sus expectativas gracias a la ayuda del Instituto Leonés de Cultura, que aportó 3.500 euros y al programa Leadercal, que contribuyó con más de 6.600 euros. Despacito y con buena letra, durante los dos últimos meses, entre varias juntas vecinales, han limpiado piedra, los techos de los edificios y han restaurado toda la maquinaria. Todo con el fin de que el pasado 28 de junio se inaugurara el recorrido.

Hace algunos años se puso en marcha la «ruta de los molinos», que atrajo a numerosos excursionistas y visitantes de las zonas vecinas. Con las mismas expectativas y con la lechería en pleno funcionamiento, comienza una nueva ruta. Se espera un alto número de turistas para realizar todo el recorrido.

Se trata de un viaje al pasado, exactamente al año 1920, cuando comenzó a funcionar la lechería hidráulica de la localidad, conocida como La Popular. Su actividad tan solo duró 48 años, hasta 1968, cuando su molino con agua dejó de girar. Desde entonces, ha estado abandonada pero presente en la cabeza de los vecinos, que pensaron en hacer algo para no olvidar esta tradición histórica.

La ruta

La ruta comienza en la tradicional casa lacianiega que se encuentra en la plaza del pueblo, una zona conocida como el ‘barrio de Trapa’, donde se visitan los potros –el lugar donde se herraba a las vacas-. Se asciende hasta la fuente de San Juan, que antiguamente servía como lavadero. Los habitantes han restaurado completamente la fuente para recrear de manera exacta el lugar donde se reunían las mujeres para lavar la ropa.

Muy cerca está la pequeña capilla de San Juan y la fuente La Fontanina, que son las puertas del segundo barrio, el de Arriba, donde se encuentra el mirador de la Curueta en la zona más alta. Es el momento perfecto para disfrutar del paisaje contemplando toda la dehesa y las montañas de la pedanía. Los inmensos prados repletos de árboles permiten observar las distintas clases que hay. Además, en las montañas están las primeras minas de carbón de la provincia. Parece una de las mejores obras de Courbet: un terreno verde claro pigmentado con tonos más oscuros y marrones que caen por la pendiente de las montañas. Algo digno de un paisaje bucólico.

El camino discurre en la margen del río de Sosas, que acompaña al visitante durante toda la ruta. Una vez dejado atrás el barrio de Arriba, descendiendo con el río está el molino de piedra -totalmente restaurado y que trae el agua del río- que servía para transformar el cereal en harina. Es el momento de caminar y olvidarse del resto, queda media hora para la próxima parada y es necesario relajarse con el paisaje con el que nos agasaja Sosas.

Al final de una carretera que baja el monte está un antiguo escudo, el de la familia Valcarce, la fuente de La Veiga –que han restaurado los vecinos- y un poco más alejado del camino, el merendero de las Nieves. Las tumbas antropomorfas –conocidas así porque se excavaban en las rocas con forma humana- son las únicas que se han encontrado en el noroeste peninsular y, aunque se construían entre la Edad del Bronce y la época Medieval alta, se piensa que las que se ubican aquí son del siglo VIII d. C. Estas se encuentran junto a la iglesia de San Andrés, la única de Laciana que tiene torre y que se alza sobre una altura considerable de tierra en el centro del villaje. En su interior hay una bocamina decorada con una imagen de Santa Bárbara. Se trata de un homenaje que quisieron rendirles los vecinos a los mineros en 1968. De vuelta al pueblo, se visita un hórreo de paja. Es una construcción típica lacianiega edificada con piedra y de forma cuadrangular. Era muy típico en el noroeste de España para guardar grano u otros productos agrícolas aunque en este pueblo se almacenaba la paja.

Finalmente, la ruta termina en la lechería La Popular, que para acceder a ella es necesario cruzar el río. Propiamente funciona con esa agua, lo que la convierte en la única de España y probablemente de Europa.

Obtención de la manteca

La manteca era uno de los productos más necesarios en las casas y con una tradición milenaria en todo el mundo –se estima que apareció en Mesopotamia alrededor del año 8.000 a.C.-. Precisamente, el 10 de agosto los vecinos celebrarán el día de la Manteca en Sosas con la intención de que sea una fiesta anual y se conmemore la tradición.

«Para obtener un kilo de manteca son necesarios 15 litros de leche», asegura Albertina Álvarez, la presidenta de la junta vecinal. La lechería cuenta con la centrifugadora donde analizaban la grasa del producto. Esto era la riqueza de la leche y el precio que después se pagaría por ella. Más tarde, se pesa con la báscula y un caldero que la llevan hasta el calderín. En el horno se calienta y pasa a la desnatadora, que separa la nata de la leche. Para conseguir la manteca es necesaria la feridera de madera giratoria –un aparato específico para batir la nata y conseguir espesor- y el malaser giratorio que, con la pasta que se obtenía en la feridera, le añadía agua para separar la leche que aún quedaba en la mantequilla después de todo el proceso.

Tanto la centrifugadora como el horno se pueden ver en funcionamiento puesto que el objetivo de la ruta es recrear lo máximo posible la actividad del pueblo. Se trataba de un trabajo en cadena: unos vecinos traían la leche a las instalaciones, donde se transformaba en manteca y la transportaban hasta el pueblo de al lado, Villager de Laciana, a un poco más de 4 kilómetros de Sosas. Desde allí se comercializaría en Madrid, concretamente en la céntrica calle Alcalá.

Selene Pisabarro

Una ruta que es la leche