sábado. 02.07.2022
un canto a la solidaridad internacional

La violencia no conoce ni de géneros ni de números

Un agente de la Guardia Civil y otro de la Policía Local pasarán dos semanas en la India para enseñar a las mujeres técnicas de defensa personal que les permitan luchar contra las agresiones machistas
Juan Carlos y José Luis Zorita, el policía y el guardia que se han ido a la India. RAMIRO

miguel ángel zamora | león

A José Luis y Juan Carlos Zorita no les mueve el beneficio económico. El viaje se lo pagan ellos, la estancia también y los quince días que pasan en la India los tienen que descontar de sus vacaciones. «Estamos intentando que les concedan una comisión de servicios», especifica Santiago Duarte (AUGC León).

Los dos hermanos, guardia civil uno y policía local el otro, se encuentran en la India para tratar de instruir en la defensa personal a mujeres susceptibles de convertirse en víctimas de violencia de género. Es una experiencia inédita.

«Siempre se trabaja con la Policía, con los juzgados, con los médicos. Todo eso es a posteriori, pero de prevención no se trabaja tanto», explican en relación al nacimiento de la iniciativa. «La violencia de género empieza con catorce años, ya hay comportamientos que hay que detectar y más en países de estas características, donde hay un machismo tremendo», reconocen.

Los talleres no se tratan solamente de defensa personal «sino también de la forma de actuar ante un maltratador. Hay que dar a estas mujeres autoestima, seguridad y enseñarlas a manejar estas situaciones». Recuerdan siempre una anécdota durísima: «El violador de Boston reconocía que solamente había consumado el ataque sobre aquellas mujeres que le dejaron. Hay que conseguir a toda costa que el miedo no las paralice», aseguran.

POR HUMANIDAD

«La India siempre nos llamó la atención. Es un sitio al que queríamos ir de siempre y más viendo las noticias que han ido saliendo. Todavía hay partes de la India en las que cuando muere el marido, se quema a la mujer. Y donan las niñas a los templos como juguetes sexuales... Es tremendo. Queremos trabajar con mujeres y niños. Estamos con las orejas tiesas porque no sabemos lo que nos vamos a encontrar», aseguran. «Allí el tema de las agresiones sexuales es horrible. No hacen nada para prevenirlo».

Han tenido que vacunarse contra siete enfermedades: «Podíamos haber elegido Vietnam, Tailandia, América del Sur casi entera, África... pero nos tiraba más la India por el motivo humanitario.

«El problema es que para explicarles las técnicas, hay que tocarlas y eso en esa cultura... Vamos a ver cómo reaccionan», explica Luis.

«Son mujeres que no te miran a los ojos», asegura Juan Carlos. «Cuando acaban estos cursos, simplemente el hecho de estar en contacto con otras mujeres ya es un aliciente para ellas. Siempre sienten miedo de un hombre, aunque sea como en este caso la persona que les está dando el cursillo». Es imposible tener un guardia o un policía con cada una de ellas. «Pero sí es posible dar unas nociones de defensa personal y de auto protección. Es lo que llevamos a la India», recuerdan.

Ya han puesto en marcha iniciativas de estas características en Ponferrada, Astorga, La Bañeza, La Robla y La Pola de Gordón. «Nunca hemos solicitado subvenciones ni ayudas para estas cosas. Nos proponen que organicemos actividades de este tipo para las instituciones pero hay mucho intrusismo y al final se busca siempre el precio más barato», aseguran los dos hermanos.

«Quitar de la cabeza a una víctima que es una víctima es lo más complicado». La aseveración resulta escalofriante. «Es algo que decimos todos los que trabajamos en esto. Es complicadísimo hacerles ver que no es culpa de ella, que es culpa del otro. Siempre piensan que podrían haberlo arreglado, que podrían haber hecho más... Si tú a una persona le dices todos los días que es una inútil, acabas consiguiendo un felpudo, una bayeta. Hay gente que se decide a separarse y cuando les invitas a que salgan con sus amigos, te explican que han perdido a todos sus amigos». Terrible.

La violencia no conoce ni de géneros ni de números