lunes 18.11.2019

Y el santo no estuvo solo

La Romería de San Froilán congrega a más de 60.000 leoneses en La Virgen del Camino. Los romeros, a pie, en carros o en coche,. rinden homenaje al patrono de la Diócesis de León y cumplen con la tradición de tocarle la nariz al santo, el eremita al,que siempre siguió una multitud
Desfile de Pendones en la tradicional romería de San Froilán en La Virgen del Camino. CARLOS S. CAMPILLO
Desfile de Pendones en la tradicional romería de San Froilán en La Virgen del Camino. CARLOS S. CAMPILLO

El santuario de La Virgen del Camino se vistió de gala este sábado para recibir a los miles de leoneses que participaron en la tradicional Romería de San Froilán, patrono de la Diócesis, que cumpliaron con la tradición de tocar tres veces la nariz al santo.

Miles de flores, así como pendones y carros engalanados procedentes de diversas comarcas aportaron la nota de color a esta vistosa peregrinación que dio paso a una eucaristía presidida por el obispo de León, Julián López.

Los tradicionales puestos de avellanas, concocidas como perdones, compitieron con otros de productos típicos de la zona que degustaron muchos de los presentes. Por su parte, el tiempo acompañó a una jornada de celebración que cada año reúne a decenas de miles de personas y que, en el ámbito religioso, se cierra con una misa capitular en la catedral, por la tarde.

Tradición de ‘tocarle las narices al santo’ en la romería de San Froilán

Tradición de ‘tocarle las narices al santo’ en la romería de San Froilán. CARLOS S. CAMPILLO

El santoral señala que San Froilán nació en los arrabales de Lugo en el año 833 y que a los 18 años dejó la casa de sus padres para emprender vida de ermitaño, inicialmente en el Bierzo y más adelante en las montañas leonesas del Curueño. Impulsó el desarrollo de la vida monástica con iniciativas como la fundación en tierras zamoranas de los Monasterio de Tábara y Moreruela de Tábara, donde desempeñó el oficio de abad.

En el año 900, vacante la sede episcopal legionense, el pueblo de León pide al Rey Alfonso III que le conceda por obispo al Abad Froilán y en el día de Pentecostés de ese año 900 Froilán es ordenado. En 905, tras un fecundo lustro de ejercicio episcopal, con dedicación especial a la reforma de los sacerdotes, monjas y seglares, fallece y es enterrado en la catedral y en el año 916 sus reliquias, por orden del Rey Ordoño II, son trasladas a la nueva seo. Parte de sus reliquias descasan a día de hoy bajo el altar mayor del primer templo diocesano.

 
 

Y el santo no estuvo solo