jueves. 18.08.2022

Zapatero recuerda a Blanco: «Somos 25 años después un país más libre pero con memoria»

De la bomba lapa que asesinó a Cortizo a la ejecución del concejal del PP de Ermua: en apenas 18 meses León exhibió en la calle la unión de la sociedad que acabaría con ETA El expresidente leonés, bajo cuyo Gobierno se rindió la banda, rememora la histórica jornada
                      La tarde del 12 de julio, la ejecución de Miguel Ángel Blanco sacó a los leoneses a la calle. RAMIRO
La tarde del 12 de julio, la ejecución de Miguel Ángel Blanco sacó a los leoneses a la calle. RAMIRO

Hubo tres minutos de silencio y después una ovación estruendosa. Nada más. Entonces, de manera espontánea, la multitud congregada delante del consistorio de San Marcelo se movió al unísono en dirección al cruce de Ramón y Cajal con la calle Renueva. León se puso a caminar ese 23 de diciembre de 1995 a partir de la huella que había dejado en el asfalto, justo delante de la línea de detención del semáforo, la bomba lapa que asesinó al comandante Luciano Cortizo. Ese rastro, cubierto con cientos de flores por los más de 45.000 leoneses indignados, fue el que encontraron apenas un año y medio después cuando la ciudad volvió a echarse a la calle para clamar contra la ejecución a cámara lenta de Miguel Ángel Blanco. En la conmemoración de la histórica jornada, José Luis Rodríguez Zapatero, bajo cuyo Gobierno se rendiría la banda el 20 de octubre de 2011, rememora «uno de los días más amargos de nuestras vidas» y defiende que, 25 años más tarde, «somos un país más libre, pero con memoria y un afán de paz muy profundo».

Con el recuerdo del «dolor, incomprensión y rabia contenida» de aquellos días, el expresidente leonés insiste en que «25 años después debemos mantener la memoria», aunque «también tenemos el consuelo colectivo de que el terror terminó hace más de 10 años para siempre». «La esperanza de la democracia era el final de la violencia. Y la sociedad española lo logró», remarca Rodríguez Zapatero, quien vivió las 48 horas decisivas desde el secuestro hasta la ejecución de Miguel Ángel Blanco en León.

Aquí, donde todavía no pasaba de secretario provincial del PSOE, Rodríguez Zapatero vio cómo la ciudadanía se levantó contra ETA. Con el recuerdo de Cortizo todavía reciente «fue el pueblo el que empujaba, el que iba por delante, sin que hiciera falta que se le concienciase», para activar «ese movimiento que marcó la derrota política y definitiva de ETA», como reseña el entonces alcalde de la capital leonesa, Mario Amilivia.

El apenas año y medio que separó los dos atentados mide el paso de León del mazazo de un atentando en primera persona, tras años de «verlos desde lejos», a la inclusión en «una indignación popular que explotó por completo con el asesinato de Miguel Ángel Blanco». «Nunca ha habido una mayor unidad de la sociedad española que en ese momento», sentencia Amilivia, quien cita que hasta ese momento «aún había sectores políticos y sociales que comprendían o miraban a otro lado cuando había atentados, pero que a partir de ese momento dieron un giro radical».

En ese movimiento, la sociedad leonesa, 18 meses después del atentado del comandante Cortizo, demostró que «estaba harta». Con el descontador de tiempo colocado por la banda terrorista, en toda la provincia se sucedieron actos en casi todos los municipios de la provincia para exigir a la banda que no cumpliera su sentencia.

El movimiento concentró su mayor expresión en la capital leonesa, donde la mañana del 12 de julio de 1997 cientos de personas se concentraron en la plaza de la Catedral para unir su grito de silencio con el resto del país. Al acabar el la marcha, los representantes de los partidos políticos se encerraron en el consistorio de San Marcelo hasta las cuatro de la tarde, cuando expiraban las 48 horas del ultimátum. Con la tele encendida para seguir cualquier novedad, los políticos leoneses convivieron durante esas horas en el despacho de Alcaldía. Unos sentados en los sillones y otros de pie, como el entonces secretario provincial del PSOE, José Luis Rodríguez Zapatero, quien 14 años después ocuparía el palacio de La Moncloa cuando la banda terrorista, acorralada después de haber roto la anterior tregua, comunicaría su cese de la actividad, aunque sin entregar las armas. «Estábamos en la misma sintonía. No había distinciones ideológicas, sino que se trataba de ir todos a una», reseña Amilivia, quien rememora «la calma tensa» de aquellas horas en las que los portavoces de las diferentes formaciones creían «imposible que, ante tal indignación popular, no fueran sensibles y ejecutasen sus amenazas». «Aunque por otra parte habíamos visto que se metían en un callejón sin salida...», refiere el alcalde.

Cumplido el plazo de las 48 horas, sin que hubiera noticias, mientras los asesinos ya habían ejecutado su sentencia, Amilivia se marchó desde el consistorio de San Marcelo a su casa de la calle Lucas de Tuy. Cuando llegó, su mujer, Inés Rueda, le informó de que habían encontrado a Miguel Ángel Blanco con dos tiros en la cabeza. Todavía hoy, 25 años después, el entonces alcalde de León lo recuerda «con mucha dureza». «Fue un mazazo», recalca el exregidor, quien abunda en que durante todos esos días y los que siguieron «el Ayuntamiento fue el reflejo del sentir popular».

Ese sentimiento sumió en el luto a la provincia leonesa. Al rebufo del Espíritu de Ermua, el pueblo en el que Miguel Ángel Blanco tenía el acta de concejal del PP, la condena a la banda terrorista ganó volumen en la concentración en la plaza de Regla. Tras la misa, que siguieron dentro del templo 2.000 personas y otras 4.000 fuera, la movilización sumó más de 15.000 personas con sus manos blancas para clamar basta ya frente al terrorismo. El mismo grito había atronado el 23 de diciembre de 1995 como homenaje en el funeral del comandante Luciano Cortizo. «Moralmente fue el paso decisivo para acabar con ETA», recalca Amilivia, quien admite que desde entonces «ha habido claroscuros porque la memoria es olvidadiza y tendemos a olvidar lo que no nos gusta».

Pero, 25 años después, la efeméride del asesinato de Miguel Ángel Blanco, revive la conmoción que recorrió todo el país. Miles de historias pequeñas se enlazan en ese vértice temporal que marcó la historia de España. «ETA ha dejado de matar, pero es necesario que no se olvide el Espíritu de Ermua, que fue lo que acabó con la banda y dijo basta ya. Me parece un acierto que se recuerde y se conmemore», resuelve Amilivia. Rodríguez Zapatero, que aquella tarde compartía el despacho con el alcalde a la espera de que la banda ejecutase la sentencia, apostilla que «la democracia siempre demuestra su superioridad moral».

León, con 21 víctimas de la banda terrorista desde el año 1973 hasta diciembre de 2007, no olvida la huella del levantamiento contra ETA en sus calles. Va del asesinato de Cortizo a la ejecución de Miguel Ángel Blanco.

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