martes 29/9/20

Autoridad de la ciencia veterinaria

Ayer fue un día triste para la Universidad de León, para la profesión veterinaria y de aquellas relacionadas con la salud, para la ciencia y para la sociedad leonesa. Falleció el profesor don Miguel Cordero del Campillo, figura insustituible en nuestra Universidad, leonés insigne, nacido en la montaña, en uno de aquellos pueblos que desaparecieron con los pantanos, y que siempre tuvo ese arraigo, lo cual no le impidió viajar, conocer y formarse en otras instituciones académicas extranjeras de prestigio. Creo que no es necesario pormenorizar o extendernos en todos los premios, reconocimientos y múltiples logros, pero si me gustaría hacer mención a alguno de ellos, como compañero y como rector de la Universidad de León, cargo que él ostento entre 1984 y 1986 en los inicios de nuestra Universidad, la cual acaba de cumplir 40 años de existencia como tal. Don Miguel fue sin duda uno de los padres de esta institución, en los años sesenta e inicio de los setenta siendo decano de la Facultad de Veterinaria y responsable de los estudios universitarios de León en la Universidad de Oviedo, luchó y persevero para que se crearan los estudios de Ciencias Biológicas en León, contrariamente a la opinión de la Universidad de Oviedo, logrando estos estudios que fueron los segundos de rango superior en León y poniendo la primera piedra para la futura Universidad de León, hecho en el que también estuvo implicado. Fue un académico y un investigador brillante, una autoridad en la ciencia veterinaria, pero también un humanista que siempre luchó por las libertades como catedrático o en el Senado durante la difícil transición española. Conocí personalmente a Don Miguel en 1983, en la defensa de mi tesis doctoral, siendo el presidente del tribunal que juzgo mi trabajo, siempre había querido que el mejor estuviera allí, y ese era el profesor Cordero del Campillo, su intensidad, su agilidad mental y sus brillantes preguntas no se me olvidarán nunca. Después tuve la gran oportunidad de coincidir como compañeros en León y disfrutar cada día de su charla, de sus consejos profesionales o vitales, porque Don Miguel incluso después de jubilarse acudía temprano todos los días a su trabajo en la Facultad de Veterinaria.

Fue una autoridad científica, dedicándose la mayor parte de su vida a la parasitología y un referente para todos nosotros. Sus investigaciones, sus trabajos de erudición o de trasferencia son recordados por todos. Ordenó y racionalizó los estudios de la parasitología en España, su obra sobre los parásitos de la península ibérica sigue siendo todavía un referente para todos, así como otros trabajos relacionados con enfermedades parasitarias, especialmente en rumiantes. Fue pródigo en la trasmisión de sus conocimientos y don Miguel elevó al máximo lo que se espera que sea un profesor universitario, excelente docente y comunicador, transmisor generoso de sus conocimientos, brillante investigador que hizo progresar la ciencia en su campo y contribuyó al desarrollo de la sociedad con sus logros y formador de discípulos que han sido y son referente nacional e internacional, como lo fue también él. Todos sus alumnos seguro que le recordaran con afecto y admiración, siempre será un ejemplo como figura de amor a la ciencia, al trabajo y al esfuerzo. Don Miguel estará siempre presente para mí y seguro que para muchos leoneses y compañeros que tuvieron la gran suerte de conocerlo. La Universidad de León le debe un gran homenaje y a ello nos pondremos.

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