Diario de León

356 ‘Miersch’. Un soplo… de libertad

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León

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El icónico 356, aquel pionero que marcó el camino al nueveonce’, tiene en su haber épicas andaduras, como cuando el telón de acero dividía Alemania y algunos incondicionales de Porsche lograban dar rienda suelta a sus sueños… alentados por el mismísimo Ferry Porsche.

Ocho años después del final de la II Guerra Mundial, a mediados de junio de 1953, vuelven a desplegarse en Dresde —con disparos en las calles— las tropas soviéticas.

Como en Dresde, en toda la —entonces— República Democrática Alemana los ciudadanos se rebelan contra el régimen comunista impuesto por los soviets y, por un momento, tal parece que el pueblo esté a punto de conseguir la libertad… la Policía Popular y el Ejército Rojo sofocan («democráticamente») el levantamiento.

Todavía marcada por los devastadores bombardeos bélicos, Dresde permanece plagada de escombros: edificios de fama mundial como la ‘Frauenkirche’ (Iglesia de Nuestra Señora) y el ‘Zwinger’, antaño lujoso palacio barroco, está en ruinas.

Hans Miersch, un sajón de 32 años, ya ha pasado por mucho: la pierna derecha amputada cuando era soldado. En Nossen, a escasos 40 kilómetros de Dresde, Miersch abre una fábrica de zapatos de señora; una atrevida apuesta en la Alemania comunista: grandes empresas nacionalizadas y con la propiedad privada no precisamente bien vista… tampoco Hans se deja robar sus sueños, ni en lo profesional ni en su vida privada.

A principios de los años cincuenta descubre, en una revista especializada, el nuevo Porsche 356: «Era mi sueño, lo supe en el momento en que lo ví».

Sueño que el fabricante de zapatos comparte con infinidad de aficionados del este y del oeste de Alemania. Aún era posible moverse entre las «dos alemanias» (el muro se construyó en 1961), por mucho que la RDA ya imponía severas restricciones comerciales con la ‘capitalista’ República Federal: importar un coche de lujo… tampoco era tarea fácil.

Su vehículo de empresa era un ‘compuesto’ de Hanomag y chasis Kübelwagen (VW Type 82), uno de aquellos todoterrenos militares relativamente fáciles de encontrar tras la precipitada retirada —1945— de los soldados alemanes tras cruzar, a nado, el río Elba hacia el oeste; así que, muchos campesinos de los alrededores de Dresde… tenían un Kübelwagen en su granero.

El sueño del ‘Porsche oriental’… está apunto de cumplirse, o casi: chasis Kübelwagen y la imperiosa necesidad de conseguir chapas metálicas con la calidad necesaria para ‘carrozar’… ¡un 356!

Miersch hace valer sus relaciones con Checoslovaquia, hasta conseguir 30 metros cuadrados de un material «más preciado que el oro» que, con el concurso de otro par de soñadores: los gemelos Falk y Knut Reimann, ‘diseñadores’ del nuevo vehículo que, merced a la mayor longitud del chasis todoterreno, se convierte en un ‘espacioso’ cuarto plazas… bastante pesado, por cierto: el «356 Miersch» que, en noviembre de 1954, ya está listo para rodar, con un pequeño motor ‘bóxer’ de 30 CV… para 1.600 kilos de ‘romana’.

A partir de ahí, sueño cumplido… o casi, porque no sería hasta 1968 cuando ‘el soñador’ Hans pueda instalarle un ‘auténtico’ motor Porsche de 1.6 litros y 75 CV; «oficialmente importado», despiezado como recambios, en calidad de «un regalo de un familiar de Alemania Occidental».

Su pista —la del coche— se pierde hasta 2011, como durante año y medio de prisión en los 60, la de los gemelos Reimann, arrestados por los servicios secretos de la RDA, bajo la acusación de un intento de fuga (en realidad… por «su estilo de vida occidental»).

Acabada la RDA —hace 30 años—, Hans Miersch, con 73 de edad (1994), decide separarse de «su 356», pintado entonces de color blanco y que conservaba la placa de matrícula original: el coche, y su propietario… sobrevivieron al socialismo.

Ahora, nuestro protagonista, «vive» en Würzburg con su actual propietario, el también apasionado de Porsche Michael Dünninger: «Muchos ven el parecido con el 356, pero dudan»… se ríe Dünninger.

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