viernes. 01.07.2022

Siguiendo el consejo de Lefebvre, Paul Magès, cual si de un artista se tratase, partió de una hoja en blanco, como si nada se hubiese desarrollado hasta entonces en materia de suspensiones, eligiendo un nuevo elemento ‘elástico’: ni muelles ni ballestas… un balón lleno de gas.

A diferencia del metal, el gas no está sujeto a la «pendularidad»; si un muelle se comprime, y posteriormente se suelta, éste oscilará un tiempo antes de recuperar su posición inicial. Es lo que sucede con los muelles y ballestas, si no se les añade un amortiguador.

Cuanto más duro es el amortiguador, mejor estabilidad tiene el vehículo porque se reduce la oscilación de las ruedas, que estarán siempre en contacto con el firme; la ‘cruz’ es que esa dureza irá en detrimento de la confortabilidad a bordo, lo que no sucede con el gas, porque cuando, una vez comprimido, se vuelve a expandir, también recupera su volumen sin oscilaciones. Y no sólo eso, también consigue una suspensión y «autorregulante»

El gas… primer elemento
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