lunes. 03.10.2022

Mercedes-Benz. Ensayos… ‘ancestrales’

«Usar la innovación para un uso mejorado de la innovación, como desde la invención del automóvil en 1886»
                      Nada que ver con las actuales mediciones digitalizadas, profusión de instrumentos ‘así de grandotes’ en el interior del 300 ‘Adenauer’ convertido en laboratorio rodante. mb
Nada que ver con las actuales mediciones digitalizadas, profusión de instrumentos ‘así de grandotes’ en el interior del 300 ‘Adenauer’ convertido en laboratorio rodante. mb

JAVIER FERNÁNDEZ

‘Messwagen’… coche de medición. Laboratorio rodante. Basado en el célebre modelo 300 ‘Adenauer’ (en honor, ya saben, del canciller Konrad), aquel ‘Mensajero’ de Mercedes-Benz se convirtió en el primer coche de ‘medición’, con el que el fabricante ensayaba nuevas técnicas… que han acabado por convertirse en moneda común a lo largo de los años.

La sala «Legend 5» del Museo de la marca, se muestra hoy como una de las muestras más llamativas en la historia de la ‘Estrella Plateada’: primero, porque un largo cable lo conecta a un 220 S (W 111) y, en segundo lugar, porque solamente la mitad del coche se parece realmente a un ‘Adenauer’ normal.

Las diferencias comienzan justo por detrás del pilar central: una elegante zaga, alargada y generosamente acristalada, con ventanillas panorámicas, que recuerdan poderosamente a las de una versión familiar (hoy SW). Incluso las luces traseras —preciosistas en su forma—, junto con las puntas de escape integradas en el parachoques, llaman poderosamente la atención.

Luego… la sorpresa interior: infinidad de instrumentos de medición —tan grandotes—, además de un par de asientos individuales, con estrechos respaldos de mimbre… tal cual sillas de jardín; con lo que no podía decirse que los técnicos disfrutasen de grandes comodidades en su puesto de trabajo rodante.

Además, el profuso acristalamiento no sólo dejaba entrar mucha luz, también creaba una suerte —¿desgracia?— de ‘efecto invernadero’ para sus ocupantes que, eso sí, al menos disponían de aberturas de ventilación en los laterales de la estructura.

Hecho a medida: el vehículo, construido y equipado individualmente en 1960, se configuró específicamente para que los ingenieros especializados lo utilizasen en diversas pruebas prácticas, cuyos resultados se aplicarían posteriormente a la producción en serie.

Precisamente por la necesidad de contar con vehículo rápido y grande, fue por que se eligió la elegante berlina W 189; después de todo, el coche de medición no sólo tenía que poder seguir —sin mayor esfuerzo— a otros vehículos, también debería poder transportar el voluminoso equipo de aparatos técnicos.

Durante muchos años, Mercedes-Benz utilizó aquel 300 reconvertido en laboratorio móvil: un cable de 30 metros lo conectaba a otro ‘vehículo nodriza’; una suerte de temprana «red de área local» (LAN), capaz de transmitir los datos que proporcionaban los sensores a los sensibles dispositivos de medición ubicados en la parte trasera del ‘Adenauer’.

Resultado: utilizar la innovación para hacer un uso cada vez mejor de lo que es técnicamente posible; un ideal que ha venido impulsando el desarrollo de las realizaciones de la marca inventora del automóvil… en 1886.

Desde mediados del siglo XX, los datos de los sensores se volverían cada vez más importantes, proporcionando valiosa información a los ingenieros especializados: si ‘su’ invento funcionaba bien o cómo podía mejorarse.

Sólo había un problema: los instrumentos de medición que se utilizaban en los años 50 eran grandes, pesados y sensibles; así que influían, no siempre positivamente, en la conducción del coche laboratorio, también las propias características de medición cuando de rodaba —probaba— sobre superficies rugosas, donde, simplemente… no funcionaban.

La solución —como tantas veces en la industria del automóvil—, se tornaría ingeniosamente simple: dividir la tecnología de sensores, y la recogida de los datos, entre dos vehículos… nacía «el automóvil de medición».

Mientras los ingenieros de pruebas —y desarrollo— conducían el prototipo, sometiéndolo a exigentes ensayos prácticos, el laboratorio rodante lo seguía a una ‘silenciosa’ distancia recibiendo, a través del cable, los diversos datos…. Sí, sí, lo que hoy —también entonces— conocemos por telemetría, que actualmente se realiza mediante señales de radio.

En la mayoría de los casos, los datos del sensor se registraron en cinta magnética para, a renglón seguido, evaluarlos en la tranquilidad del laboratorio… estático.

Aquel prototipo podía transmitir hasta catorce valores simultáneamente al laboratorio móvil, lo que no estaba mal para la época; cada pedacito de espacio, en la parte trasera del 300, se utilizaba para los dispositivos sensibles, específicamente seleccionados para cada programa de ensayos.

Para suministrar electricidad a los dispositivos, se montó un generador a bordo y, por descontado, también existía un enlace de radio entre ambos vehículos.

El Mercedes-Benz 300 ‘especial’, lo propulsaba el motor de inyección W 189 (1957 a 1962) que rendía 160 CV que, en versión contemporánea, alcanzaba una punta de 120 por hora; un ‘Adenauer’ normal, alcanzaba los 165 por hora de punta.

Aquel ‘coche de medición’, se utilizó hasta la década de los 70, principalmente en la pista de pruebas de Untertürkheim y, como buen alemán… está perfectamente homologado, y matriculado, para circular: S-MH 867.

Al día de hoy, todo el sistema de recogida de datos, viaja con el prototipo; eso sí, con la moderna tecnología informática, y de sensores, mucho más pequeña y ligera… por bandera.

Mientras ha aumentado sensiblemente el número de canales de medición, para poder registrar simultáneamente una mayor —mucho— cantidad de datos: la histórica cifra del millar… se ha visto ampliamente superada; de hecho, la ‘ambición’ de conocimiento, de los ingenieros-probadores, es mayor que nunca.

También su motivación: hacer que el automóvil del mañana… sea cada vez mejor.

Mercedes-Benz. Ensayos… ‘ancestrales’
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