viernes 28/1/22

En septiembre pasado, el Mission R (Diario de León 2.10.2021) captaba las miradas en el Salón Internacional del Automóvil de Munich, un prototipo eléctrico que ‘podría’ —de hecho… ‘podrá’— convertirse en la base del primer Porsche de carreras —‘enchufado’— para clientes; ya se sabe que, la marca, ha cuidado siempre —muy especialmente— a ‘sus’ equipos semioficiales.

Tan fascinante como controvertido, su diseño no deja indiferente: en forma de ‘objeto palpable’, los vehículos conceptuales se convierten en investigadores de mercado’ que, a menudo, se reducen a carrocerías atractivas, modelos de exposición sin motor ni tecnología alguna bajo su piel; no es el caso… el Mission R es ‘todo’ un coche de carreras, tan potente como prestacional: «Es la filosofía de Porsche», en palabras de Michael Behr —director del proyecto—, responsable de armonizar el proceso de desarrollo: «Este prototipo es un coche de exhibición, pero que ya cumple unas estrictas exigencias técnicas».

Tampoco es habitual que el fabricante muestre las ‘entrañas’ de sus futuristas diseños conceptuales aunque, cuando lo hace, a menudo ‘se’ marca una trayectoria de éxitos. Así fue con el Boxster, presentado en Detroit (1993); o con el Carrera GT, conducido por Walter Röhrl frente al parisino museo del Louvre en el año 2000. En 2010 se presentó en Ginebra el prototipo del 918 Spyder, al que seguiría —Salón de Francfort 2015— el Mission E, ancestro del Taycan y en cuyo desarrollo también participó Behr: «Estos proyectos tienen plazos de entrega ajustadísimos —admite— pero a la vez son un sueño para cualquier ingeniero, ya que permiten partir de una hoja en blanco».

El Mission R no se basa en ningún modelo… ‘él’ es el modelo.

Mission R… ‘competición-cliente’
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