viernes. 01.07.2022

‘Aquel’ nuevo motor —entonces— que equipó la primera generación M3, tenía mucho en común con el utilizado por Nelson Piquet en 1983: desarrollados ambos sobre la base del tertracilíndrico 2.0 litros, compartían bloque con el utilizado en la producción en serie.

Una decisión, la de utilizar el 4 cilindros en lugar del de 6, que ya se montaba en el Serie 3 desde 1977, vendría dada por el máximo ahorro de peso y, además, porque el cigüeñal del motor de 6 cilindros —mucho más largo— mostraba una tendencia a vibrar a altas revoluciones, mucho antes (la vibración) que la mostrada por el 4 cilindros.

Así que, el ingeniero Paul Rosche, y su equipo de técnicos, conseguirían desarrollar un cigüeñal extremadamente rígido (60% más que en los motores de serie) para el motor del pionero M3 que, aún siendo capaz de soportar hasta 10.000 revoluciones, el régimen máximo de vueltas se redujo a 6.750, para la versión de calle del M3, lo que también dejaba margen a futuros desarrollos motorísticos.

Y no sólo el bloque-motor provenía de la gran serie, también heredaba la culata de cuatro válvulas por cilindro del 6 ‘grande’ cilindros, para cuya adaptación hubo que eliminar dos de sus cámaras de combustión; transformación relativamente sencilla habida cuenta que ambas mecánicas tenían idénticas dimensiones internas; además, la cilindrada subía de 2.0 a 2.3 litros. En solamente dos semanas… reto conseguido.

Dado que, desde el principio, el M3 se concibió como un coche de carreras Grupo A, Paul Rosche, muy a su pesar, tendría que renunciar a la turboalimentación para cumplir con las normas de homologación deportiva que, exigían además, una venta mínima de 5.000 unidades, por lo que el M3 tenía que ser apto para el uso diario (una ‘pega’ más, entonces, para el turbo).

Con una punta de 230 por hora, propia de ‘deportivos radicales’, y tras diversas optimizaciones del sistema de escape (problemas de dilatación en los tubos y un catalizador que reducía la potencia y aumentaba el consumo), el consumo medio se cifraba en unos escasos, y más que aceptables 9,0 litros por cada centenar de kilómetros.

Cuando salió a la venta, el M3 costaba 58.000 marcos (14.700 ‘a mayores’ que el más caro de los Serie 3), lo que tampoco impidió que se vendiesen las 5.000 unidades reglamentarias.

Hasta finales de 1991, se vendieron 17.790 unidades del M3 de primera generación; 786 con carrocería descapotable, 501 del ‘Evolution’ y otras 600 del M3 Sport ‘Evolution’, la versión más radical de la época.

Después, ya se sabe, éxitos deportivos… en cascada.

De la pista… a la calle
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