miércoles 21.08.2019
TRIBUNA

Qué atrevida es la ignorancia

Qué atrevida es                             la ignorancia

En la provincia de León no creo que haya nadie que dude de que uno de los fines políticos de la Junta de Castilla y León es arrebatar a León su gloriosa Historia, endosársela a Castilla y hacer desaparecer de la Historia toda referencia al Reino de León. El pasado septiembre el consejero de Educación, el leonés Fernando Rey, publicó un mapa de la península ibérica datado el año 1150. En ese mapa había desaparecido el Reino de León y, en su lugar, figuraba la Corona de Castilla.

En el pasado mes de abril, la presidenta del Parlamento de Castilla y León, Silvia Clemente y el nuevo presidente del Partido Popular en Castilla y León, Alfonso Fernández Mañueco, dijeron que la convocatoria del primer Parlamento Democrático en la Historia de la Humanidad, convocado por el Rey de León, Alfonso IX, debe ser llamado Cortes de Castilla y León.

La Junta no desfallece en lograr su meta. Hace unos días estuvo en la ciudad de León la consejera de Cultura, Josefa García Cirac, para informar de los actos que está preparando la Junta de Castilla y León para conmemorar el VIII Centenario de la proclamación de Fernando III como rey de Castilla. Entre otras cosas, la Señora García dijo que el monarca castellano reunificó definitivamente los Reinos de León y de Castilla el año 1230 bajo la Corona de Castilla.

Estas palabras encierran dos infames mentiras. Los que presumen de historiadores, a falta de documentos para demostrar la veracidad de sus afirmaciones, dicen que la unión de los Reinos de León y de Castilla fue una unión de semejanzas y de intereses comunes, algo que es completamente falso y que oculta una realidad bien distinta.

León y Castilla, no solamente no eran semejantes, sino muy diferentes con orígenes y raíces distintas y con tradiciones antagónicas. Ni siquiera la lengua era común, pues en León se hablaba leonés y gallego y en Castilla, castellano y vascuence. El Fuero Juzgo era la base de las estructuras jurídica y social de los territorios de la Corona de León. Los vascocastellanos fueron un pueblo con sus propias estructuras sociopolíticas y por eso siempre estuvieron unidos para luchar contra los foráneos, primero contra los romanos, luego contra los visigodos y finalmente contra los asturleoneses. La independencia del Condado de Castilla fue el producto de la incompatibilidad de los vascocastellanos con los asturleoneses. Todo esto lo explica muy bien el historiador Ramón Menéndez Pidal en su obra «La España del Cid».

Estos son los hechos reales sacados de los cronistas medievales y de las actas de las Cortes de León y de las Cortes de Castilla. Fernando III el Santo fue coronado Rey de Castilla el año 1217 y ungido Rey de León el año 1230. Fernando III era más conocido y más querido en León que en Castilla porque era hijo del Rey de León, Alfonso IX y había sido educado, siguiendo la tradición leonesa, en Galicia. Fernando III era conocido en Castilla como el Infante Leonés, enemigo de Castilla. Muchos castellanos no eran partidarios de su coronación como Rey de Castilla. Fue coronado Rey de Castilla porque su madre, la Infanta Doña Berenguela, había sido coronada Reina de Castilla al morir su hermano el Rey Enrique I y abdicado en favor de su hijo Fernando.

Después de ser ungido Rey de León, Fernando III quiso unificar los diversos reinos. Para ello, convoca a doce letrados seleccionados entre los más sabios de sus reinos. Forma con ellos un Consejo, que tomaría el nombre de Consejo Real, con el fin de unificar leyes y reinos. Luego, emprende con su hijo y heredero al Trono, el Infante Alfonso y el Consejo Real la formación de un código que se llamaría Setenario. La muerte prematura de Fernando III impidió que finalizara el proyecto.

Alfonso X el Sabio creó unas nuevas leyes llamadas «Las Siete Partidas» con el fin de unificar todos los Reinos, pero los castellanos se negaron a aceptar las nuevas leyes y a la unión con los leoneses. Este último dato se encuentra en el acta de las Cortes de Castilla, celebradas el año 1301 en Burgos.

Las Cortes de León y las Cortes de Castilla se convocaron por separado hasta el año 1348. Las actas de las Cortes de León se hacían dobles: una escrita en lengua gallega y otra escrita en lengua leonesa. Las actas de las Cortes de Castilla están escritas en lengua castellana. Si es cierto que, a partir del año 1230, los Reinos de León y de Castilla dejaron de tener reyes privativos. Había un único Rey para ambas Coronas que firmaba los documentos como Rey de los diversos Reinos.

Hasta bien avanzado el siglo XX los historiadores decían que el Reino de León se unió con el Reino de Castilla el año 1230, pero nadie dijo que esa unión se realizó bajo la Corona de Castilla. Es a partir de la formación de la Autonomía de Castilla y León el año 1983, cuando los políticos, en nómina de la Junta, se han dedicado a intoxicar la Historia, diciendo que esa unión de los Reinos de León y de Castilla se hizo bajo la Corona de Castilla. Nadie ha aportado prueba alguna de la veracidad de esa afirmación sencillamente porque no existe. La documentación medieval demuestra muy claramente que León ni se integró ni se podía integrar en Castilla. Para vergüenza, los políticos, cuando hablan del Reino de León se refieren a las provincias de León, Zamora y Salamanca. Ignoran, o fingen ignorar, que el Reino de León se componía de Asturias, Galicia, Extremadura y León. El gran físico, Albert Einstein dijo «todos somos ignorantes, pero no todos ignoramos las mismas cosas».

Los leoneses deberíamos preguntarnos ¿por qué se intoxicó la Historia de esa manera? La respuesta es evidente, para enriquecer a la «provincia bonita» con la apropiación de los recursos económicos de León.

Hace unos días un honrado político leonés dijo algo muy acertadamente «es muy triste ver pasar por delante de la puerta de tu casa el agua del río Esla para regar otra provincia mientras la tierra leonesa se muere de sed». La creación de la Autonomía de Castilla y León se ha vertebrado a través de una ciudad depredadora que vive de desertizar a las demás provincias, una política suicida que está degenerando en una situación irreversible.

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