sábado 19.10.2019
LA GALERNA

El baile más absurdo del mundo

Es una especie de danza inquietante. Todos bailamos a su son. Nos dicen cómo vestir, cómo debemos comportarnos, cuál es el perfil adecuado de mujer, cómo deben ser nuestros hijos, a qué lugares debemos viajar. No queda un resquicio sin directrices claras de hacia dónde debe ir nuestra vida y cómo debemos transitar por ese camino. Todas las instrucciones están ya escritas sobre un papel imaginario al que se le da demasiada importancia.

Así somos. O así (supuestamente) deberíamos ser para que nos consideren parte de esta sociedad. Salirse de estos cánones no está bien visto y corres el riesgo de ser señalado con el dedo por raro o desviado.

Lo paradójico de todo esto es que, después, presumimos de libertad. Nos gusta alardear de todo lo que hemos avanzado en ese sentido. Y es cierto que lo hemos hecho en algunos planos como la ciencia o la tecnología, pero en otros es más que probable que hemos caminado hacia atrás. Nos mantenemos dentro de lo que se supone que es lo correcto y procuramos no salirnos de la fila ante el riesgo de recibir una bofetada social porque no es aconsejable abandonar el redil, aunque la mayoría no tenga muy claro el motivo.

Dicen los que saben que el ser humano está programado para vivir en comunidad, pero el respeto a los demás está en horas bajas. Convivir es, quizás, una de las tareas cotidianas más difíciles. Es un acto generoso que no muchos están dispuestos a añadir a su lista de tareas.

Precisamente de esto habla Manuel, el protagonista de la genial obra Los asquerosos. Él lo llama ‘La Mochufa’ y lo define como «un conglomerado humano global y uniforme» que le atufa y que ha llegado al remoto y deshabitado pueblo en el que vive a perturbar su apacible vida.

Manuel, el personaje que describe con maestría Santiago Lorenzo, es un tipo ‘raro’ porque no entiende a la masa social y no consigue integrarse en ella, lo que le aparta y tortura hasta que decide salirse de lo establecido. Su historia, una oda a la austeridad, hace al lector replantearse si los únicos sanos son los que saben que esta sociedad está enferma.

El baile más absurdo del mundo
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