martes 17.09.2019

Campanudo y Chisgarabís

Comenzaré haciendo una confesión nada irónica, por lo que pido disculpas al lector por esta intromisión del yo. Cuando no tengo tiempo o muchas ganas de infor?marme sobre un asunto local, me formo una opinión escuchando las declaraciones de cierto grupo municipal capitalino. Pensando exactamente lo opuesto, casi siempre se está en lo cierto. Muy pocas veces me ha fallado este sistema, pero, a veces, salta la perdiz y llego a preocuparme, porque las apreciaciones de esta emergente agrupación local no es que sean precisamente firmes en casi nada y se mueven más por el aire que sople en las redes sociales que por convicciones; más por estados de opinión, desdeñando lo que estos tienen de constructo interesado, que por valores propios o un sólido ideario. Se diría que en ese partido creen que la democracia es un estado consultivo permanente de los aires que corren por las calles, como si no hubiera corrientes naturales y ventiladores a buen precio girando a toda aspa en las redes sociales e incluso en los medios tradicionales. Reconozco que mi mayor preocupación, con todo, no es coincidir tanto con los miembros de la susoinsinuada agrupación como con las jaurías enjuiciadoras de las redes.

El populismo, a nivel local, es esto: regirse por el chequeo de las opiniones vertidas en los foros, digitales o de cuerpo entero. Aunque uno ya está próximo a esa edad en la que se creen hasta las dedicatorias de los libros, todavía mantengo cierta reticencia hacia las charlas de bar o los corrillos de mercado como referentes incontestables de lo que sea el pulso de la calle. Bien podría escribirse en este León nuestro una alegoría sobre ellos en la que los personajes fueran Campanudo y Chisgarabís. Casos ha habido en que hasta los titulares han llegado algunos de los rumores expandidos por estos peligrosos sujetos, revelándose posteriormente inciertos o apresurados. La inteligencia rupestre de uno y la mentalidad chismosa del otro también habían pulsado antes el sentir de la calle, que, como las cocinas sociológicas, precisamente fue a corroborar sus apriorismos.

Hoy, con todas las posibilidades de adquirir información que las nuevas tecnologías han puesto en nuestras manos, se hace más que nunca necesario cotejar fuentes y medios, sopesar con cautela primicias, poner en contexto —ese es el oficio del verdadero periodista— las novedades que llegan en bruto hasta nosotros. Pero no sé si hay tiempo bastante.

Campanudo y Chisgarabís
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