martes 24.09.2019
TRIBUNA

¿Carne o pescado?

Tomándome un café con un amigo me contaba la situación surrealista que se vivió en la organización en la que trabaja, una pequeña empresa, con motivo de la cena de Navidad. No respetaban los plazos para elegir si carne o pescado, el restaurante no garantizaba la reserva si no se les comunicaba a tiempo la elección… Y todo esto en una interminable sucesión de correos que iban llegando cada vez en mayor número y más subidos de tono, cuyos remitentes y destinarios son un grupo de quince personas que trabajan en el mismo espacio físico y en el mismo horario... Finalmente, el jefe, con buen criterio, los reunió a todos para atajar y solucionar una situación donde, en ese momento, lo menos importante era la elección de «carne o pescado» sino el (latente) deterioro de las relaciones de trabajo de su equipo.

Cada vez es más común que muchas decisiones se tomen en equipo o, al menos, que quien tiene la responsabilidad final escuche a sus colaboradores antes de decidir. Es muy recomendable que, si vas a participar en la discusión de un tema, antes, te informes y lo entiendas bien. Mientras esto no ocurra es mejor optar por un papel secundario, si no podrías cometer, al menos, estos dos errores. El primero es que, si participas activamente en la discusión de un tema sin antes haberlo preparado, es muy probable que entorpezcas el trabajo del equipo en su búsqueda de la mejor decisión. El segundo error es que, al participar en el debate con opiniones de escaso fundamento, no estás haciendo un buen trabajo para tu empresa, estás siendo desleal con tus compañeros, les estás haciendo perder el tiempo y, si este tipo de actitudes son frecuentes, más temprano que tarde, todos (jefes, compañeros, subordinados…) se percatarán de ello.

Tan grave como los errores anteriores sería no decir, oportunamente, algo que tú sabes que, con seguridad, sería una aportación valiosa para tomar una buena decisión. Si tienes la responsabilidad de dirigir, escucha a tus dirigidos, dedícales tiempo, para así mejor comprender sus planteamientos. Quizá una de las cosas que más valora y agradece un colaborador es sentirse escuchado por su jefe. Ya sé que no tienes tiempo… Quien tiene la responsabilidad de dirigir debe esforzarse, especialmente, por aprovechar mejor su tiempo para, así, poder estar más cerca de sus colaboradores y de sus clientes.

Y, mejor si es cara-a-cara. Reunirse favorece la comunicación entre personas. Como en nuestro caso de «carne o pescado». Los encuentros cara a cara no pueden ser desplazados por la comunicación telefónica, remota o virtual. Los nuevos modelos y esquemas de trabajo en las organizaciones recomiendan la reunión de los colaboradores para favorecer la sinergia. Ahora bien, no confundamos la velocidad con el tocino… Una reunión de trabajo no es una simple agrupación de personas que trabajan para la misma organización. La esencia de la reunión requiere de objetivos, método, hora de comienzo… y de finalización. Hace años tuve un jefe que asistía a las reuniones provisto de un reloj de arena, de tres minutos. Todas las intervenciones tenían ese límite temporal, salvo en asuntos excepcionales. Parece una excentricidad, pero sus reuniones eran mucho más breves y, lo más importante, más efectivas. Me ayudó a aprender a sintetizar y a valorar el aprovechamiento del tiempo.

Esa parece ser la función que el mundo moderno deja para los buenos directivos, la de hacer que las personas se conozcan, se ayuden, colaboren y trabajen en equipo. En equipos cuyos integrantes están y estarán separados por cientos de miles de kilómetros, aunque puedan estar virtualmente juntos. Con este panorama necesitamos personas dispuestas a ayudar a otras personas a llenar de contenido su trabajo, a entender la utilidad y finalidad de su labor, a colaborar con los demás y a sumar esfuerzos.

El liderazgo no se asume, se consigue. Se lo exigen al directivo sus propios colaboradores. Claro que, para ello, es necesario que el directivo forme parte natural del grupo humano que dirige, sea uno más... Uno más que orienta, orienta y orienta...En realidad, un directivo no debería hacer otra cosa que pasarse el día hablando con sus colaboradores. ¿Qué la organización es muy grande? Pues tendrá que viajar mucho y beber mucha agua, porque la necesitará para seguir hablando, orientando. Sólo así podrá tomar el pulso al día a día del entorno que dirige y adelantarse al cambio. El futuro no está, se hace. Y lo hacemos las personas.

Aunque suene a tópico, los colaboradores son la inversión más valiosa de la organización. Son los únicos cuyo techo en valor añadido es, cuando menos, desconocido; claro que también son los más costosos, los más delicados y los más difíciles de rentabilizar... porque hay que hablar con ellos. Y algunos directivos están tan preocupados por mandar y tienen tan poca competencia que se han olvidado de hablar, de dirigir a sus colaboradores. Las tecnologías de la información nos están abriendo de par en par el mundo de las comunicaciones, nos están llevando a situaciones técnicamente ilimitadas; pero no nos ofrecen más que el soporte. La comunicación en sí queda en nuestra mano. Y hasta que no se demuestre lo contrario: hablando se entiende la gente.

¿Carne o pescado?
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