lunes 23.09.2019

cartas al director

A Ara Antón


Con todo el respeto y el cariño del que fuera su alumno hace ya 34 años, y desgraciadamente también apremiado por el corto espacio del que dispongo, me dirijo a doña Araceli Antón sobre su artículo del pasado 16 de agosto sobre la mujer.


Ninguna duda puede caber respecto de la primera parte del artículo, por delimitar los términos de alguna manera. No se van a relativizar las situaciones de sobrecarga de trabajo doméstico (y no sólo) a las que se han visto sometidas determinadas mujeres en determinados tiempos.


Pero resulta sorprendente descubrir, porque la historia abarca mucho más allá de los últimos 80 años, como cuando retrocedemos en la historia, hasta principios del siglo XIX, por ejemplo, nos encontramos un papel de la mujer mucho más importante de lo que nos podemos imaginar.


Que se fue diluyendo según avanzaba la historia hasta nuestros días entre barnices de ideologías emancipadoras y el acceso a un mercado laboral precario que no tenía otro objetivo que crear, al precio que fuese, la base de la sociedad de consumo que estaba en ciernes.


Y así, a mayor progreso y mayor feminismo, menos feminidad, menos caballerosidad y más machismo.


Resulta difícil, desde mi punto de vista, imputar determinados dramas sociales y familiares a un solo aspecto: El dogma de la opresión masculina. Porque es imposible esperar algo diferente de lo que hay cuando se fomentan series y videos musicales que sonrojan por la explicitud sexual de mal gusto que generaliza el trato soez hacia las mujeres, pero se presenta éste como exponente de libertad y de avance en la ansiada emancipación femenina. Resulta igualmente imposible esperar otra cosa cuando se ha destruido la familia al abandonar los principios más básicos de educación y convivencia y se crean guerras civiles domésticas, más o menos solapadas, enfrentando a todos los miembros entre sí.


Una vez más se ponen tronos a las premisas y cadalsos a las consecuencias. Con todo respeto me atrevo a decirle que nunca imaginé que pudiera citar a Simone Beauvoir, porque no puedo creer que comparta su desequilibrado pensamiento ni mucho menos sus maneras de vivir y actuar. El mal fruto es lo propio del mal árbol.


DIEGO SANTOS

cartas al director
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