sábado 24.08.2019

Cinco millones de vicios

Kiko Rivera ha confesado recientemente que a lo largo de su vida había ganado casi cinco millones de euros y que se los fue gastando en vicios. Antaño, este columnista hubiese exclamado «¡Asombroso!». Hoy ya ni siquiera me pregunto cuáles podrían ser tales vicios, aunque supongo que entre ellos no están visitar museos o comprar primeras ediciones de María Zambrano. Se le pagó muy bien, fuese lo que fuese lo suyo, y se lo gastó muy mal en los siete pecados capitales y algunos otros que a usted y a mí ni siquiera nos suenan. Ah, el vicio de darle a la visa. Pero gastárselos hay que tenerlos, los cinco millones y los ímpetus. Tampoco me ha asombrado que Puigdemont pueda presentarse a las elecciones europeas. Además, saldrá elegido. Ahora bien, que uno ya no se extrañe de nada que tenga que ver con el independentismo catalán no significa que sea normal lo que allí ocurre. Simplemente, el tema ya aburre, a la vez que preocupa. Al menos, el mozo ha ganado esa fortuna sacándole lustre a sus apellidos y no de las arcas públicas, salvo sus bolos con los municipios. Tiene mérito haberse pasado años saltando de colchón en colchón y de solomillo en solomillo, hasta que sentó la cabeza. Ahora, brinca de reality en reality, mucho menos estresante. Sus vicios eran un abierto las 24 horas. Pobrín, que decimos en León.

Ah, la Feria de Libro de León, me encanta. De chaval acompañaba a mi padre a sus firmas, en la de Madrid. La última vez que estuve en la nuestra como autor, hace 15 años, no firme ni uno. «Hombre, Cervantes sí se pasaría, aparece mucho en sus columnas», me dirán. Pues no. Además, ¿acaso se pasó usted? Pero cuando el hijo de doña Isabel presente esas memorias que están escribiéndole harán cola y la ola.

Esos cinco millones de euros malgastados por quien fue Paquirrín y después Kiko son reflejo de la neopicaresca en la que España se encuentra. Reconoce que finalmente se quedó «tieso como la mojama». La Pantoja llegó en su socorro monetario. Mi madre me espetaba cuando le pedía algo fuera de plazo: «Contra el vicio de pedir, la virtud de no dar». Pues nada, nunca es tarde para presentarse a Pasapalabra. Aunque sea en la modalidad para vips.

Cinco millones de vicios
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