sábado 25.01.2020
HOJAS DE CHOPO

Colonia leonesa en Cuba: un siglo

Los leoneses en Cuba y sus descendientes andan de celebración: tienen allí una larga, profunda y, con frecuencia, hermosa historia. Durante siglos miles de paisanos buscaron una vida mejor en la calidez de aquel clima y aquellas gentes, hermanas siempre y acogedoras. Momentos benignos y duros, lo cierto es que las múltiples presencias leonesas en la que tantos llaman perla del Caribe darían de sí para un interminable apéndice, una prolongación mejor, que proyecta nuestra propia historia en un mestizaje enriquecedor, en un hermanamiento fructífero que falta por conocer y sistematizar, sobre todo en su proyección humana.

A principios del pasado siglo existía en La Habana el Centro Castellano, cuyo núcleo más numeroso era el formado por leoneses, tan dados a la emigración americana, sobre todo en la primera mitad de la centuria, con especial querencia por Argentina, Cuba, México y Brasil. Un grupo de leoneses fue precisamente el que encabezó la creación de sociedades provinciales en la capital cubana. Para ello se creó una comisión gestora que había de encargarse de difundir la idea de una asociación leonesa que tendría fundamentalmente carácter benéfico y recreativo.

El 29 de julio de 1914 se creó la Colonia Leonesa de Cuba, con sede en la capital. Unos días antes se celebró una romería leonesa, con un desfile por varias calles de La Habana, una misa de campaña para bendecir el estandarte enviado por la Diputación, expuesto aún con mimo y preferencia en la sede actual. Después del banquete, un corro de lucha leonesa cerró la jornada. La prensa cubana y leonesa cubrieron con generosidad la noticia.

Es verdad que durante un año hubo dos asociaciones leonesas. Pero en junio de 1915 estaban ya unificadas y con el firme propósito de convertirla en una pujante sociedad recreativa y benéfica que, sobre todo, mantuviese el contacto entre leoneses y descendientes que residían en la isla. «Tenía como especial finalidad facilitar algunas actividades recreativas y culturales y, de manera muy particular, prestar ayuda moral y material a los socios que por enfermedad o indigencia la precisen». Y desarrollar la vinculación con la provincia y contribuir a difundir, enaltecer y honrar cuanto estuviese relacionado con ella.

Con los vaivenes lógicos de cada momento histórico, los altibajos de asociados y los cambios de sede, hoy la Colonia Leonesa de Cuba tiene una gran fortaleza, dentro del espíritu con que nació, a pesar de sus muchas restricciones económicas. Sería impensable, por ejemplo, levantar el Panteón donde entierran a muchos paisanos en el Cementerio de Colón. Raúl Parrado, cuya familia vivió a la sombra de la catedral y él mismo sufrió los rigores de nuestros inviernos, le ha dado un impulso lleno de vitalidad. Es bueno saber que en la calle Neptuno, 519 hay un trozo del corazón leonés. Felicidades.

Colonia leonesa en Cuba: un siglo