martes 17.09.2019

Los cowboys no llevan gayumbos

Ah, el Fuerte Comansi. Este periódico lo está ofreciendo a sus lectores por entregas sabatinas. Lo tuve de crío. Jugaba mucho con mis indios y vaqueros, pues el parchís me resultaba poco testosterónico, y eso que había que comerse los unos a los otros. Mis dedos eran fábricas de munición. Nada del melifluo pum, pum. A los niños de mi generación, cursiladas con los disparos las justas. Aquello sonaba siempre bang, bang, fuese bala o flecha. Y los malos caían como moscas. Como los niños no entienden de anacronismos, mis indios cabalgaban sobre animales salvajes procedentes de otro juego, incluido un fiero cocodrilo. Claro que los cowboys contaban con la ayuda de unos soldados monocromos de la II Guerra Mundial, que se vendían en los quioscos. Mucho después llegarían los madelmanes, pero servían más para presumir ante tus primos que para darle al moflete ametrallador. ¡Si hasta llevaban gayumbos! Nada, pues, como los clásicos. En aquellos tiempos ignoraba que los siux tenían sus razones objetivas para atacar el fuerte, más allá de que coleccionasen cabelleras como otros coleccionábamos cromos de ‘Vida y Color’. No obstante, también me gustaba jugar a las cocinitas con mi hermana. Y recuerdo que ante ciertas visitas mi madre me pedía que les bailase el Lago de los Cisnes, supongo que para que se marchasen cuanto antes. Fui un niño muy completo.

Ah, la infancia, pilar maestro de la vida adulta. Muchos nos estamos preguntando cómo será el hijo pequeño de Trump, al que vimos en la noche del triunfo electoral, trajeado como si viniese de Wall Street. El crío luchaba contra el bostezo. Parece majete. Claro que hasta los diez todos lo fuimos. Lo malo viene a partir de la primera sombra de bigotillo. En fin, esperemos que doña Melania sepa inculcarle que con el botón rojo no se juega.

Y sí, parece que me estoy viendo con mi fuerte Comansi, sentado en el suelo de la cocina de casa. Tuve el más básico: llevaba un puñado de vaqueros, soldados del 7º de caballería, indios con sus tiendas, caballos, unos cactus... más dichas incorporaciones procedentes de otras guerras. El moflete ametrallador lo tenías que poner tú. Años después me vendría muy bien tanto tiroteo, hice la mili en Artillería.

Los cowboys no llevan gayumbos
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