lunes 26.08.2019
TRIBUNA

Decálogo para la educación que viene

Cuando se da un cambio de ciclo tan potente y claro como el que se avecina, derivado de las pasadas elecciones, suele ser una práctica habitual entre los agentes del sistema el opinar sobre las cuestiones de su competencia y en las que tienen reconocida, si no autoridad, sí deber de conocimiento del tema. Amparados en ello, y únicamente con afán de reflexión compartida, con la vista en el horizonte futuro, revisamos en este decálogo las cuestiones pendientes entre el ser y el deber ser, entre la realidad y la opinión.

1.- Conocimiento. Es la palanca más potente de las sociedades avanzadas. El diccionario lo define como el conjunto de cosas sobre las que se sabe o que están contenidas en la ciencia. Se entiende como un conjunto integrado por información, reglas, interpretaciones y conexiones puestas dentro de un contexto y de una experiencia, como capacidad para resolver problemas y como el adecuado procesamiento de la información. A la escuela, decía Savater, se va a aprender, porque para jugar los alumnos se bastan y se sobran solos. La valoración de los conocimientos en educación no ha tenido la relevancia que debiera: hay pocos incentivos al saber, y menos aún a la correcta gestión del conocimiento, tanto individual como social. Los alumnos no desean ser sabios, desean ser famosos, aunque sean «frikis».

2.- Autoridad del profesor. Se ha visto progresivamente devaluada y hasta despreciada. Los datos de acoso y amenaza de los padres a los profesores constituyen un 25% de las denuncias, con un incremento porcentual de un punto por año. El defensor del Profesor atendió 3.683 peticiones de ayuda de docentes víctimas de amenazas y agresiones escolares, aunque la mayoría no se denuncian. De ellas, un 24% son en el aula de clase. Hay que recuperar el prestigio social de la figura de los profesores, mediante la legislación también, pero más aún con el establecimiento de códigos sociales de respeto a su figura en las comunicaciones, en las conversaciones, en los documentos y en la vida en general. Al igual que se han establecido códigos para la no discriminación por género o raza y se rechazan actitudes sexistas o xenófobas, deben rechazarse las referidas a la minusvaloración del profesor y sus funciones.

3.- Inglés e idiomas en general. Sigue siendo nuestra asignatura pendiente. Es inexplicable cómo después de pasar por todo el sistema educativo, los alumnos, e incluso muchos profesores, siguen sin hablar y escribir con fluidez la lengua que se ha erigido en el idioma del mundo, el inglés. Podemos criticar su colonialismo atroz, pero desde el conocimiento del mismo: ni los gobernantes ni los técnicos ni el nivel general de inglés en España se corresponde con el existente en Europa, ni en toda Latinoamérica donde su dominio es general. Otros idiomas también deberán tener cabida en los programas de mejora e incentivación de las lenguas.

4.- Calidad y excelencia. Entendida como la satisfacción del usuario, como los cinco ceros olímpicos o como la línea del horizonte, la calidad es la aspiración de toda obra bien hecha. Nuestro nivel de resultados evaluado por los sucesivos informes Pisa señala una cómoda mediocridad, situados por debajo de la media europea y de la Ocde. La necesidad de implementar programas tendentes a la mejora del sistema educativo pasa por la aceptación de su necesidad, por la aspiración a la calidad, como un manjar o como el amor se mueve entre la utopía y la realidad. Pero muchas utopías pasadas son hoy realidades constantes (volar, hablar a distancia, etc.).

5.- TIC y TAC. No es una gracieta, sino las siglas que empleamos en los centros y que se refieren a las Tecnologías de la Información y la comunicación (TIC) y a Tecnologías del aprendizaje, la comunicación y el conocimiento (TAC) entendidas al servicio de la educación. La potencialidad de las mismas pasa por usarlas en la educación presencial, en la semipresencialidad (blended learning) y en la educación a distancia. Las redes de aprendizaje, las de escuelas, o las de profesores permiten avances del conocimiento explícito que con la socialización del mismo se convierte en activo para todos y llega a todos.

6.- Legislación educativa común y permanente. Los países que mejores resultados tienen en las evaluaciones externas (Finlandia) disponen de una normativa educativa con una permanencia superior a los 20 años y adecuaciones puntuales que permitan transitar por el sistema educativo con seguridad y sin miedo a los cambios de residencia, de currículum, de asignaturas, de lengua o de historia. Los 17 sistemas educativos que tenemos complican y devalúan los conocimientos escolares al variar de forma significativa en función del lugar en el que se curse la escolaridad, a lo que se une la ideologización de algunos contenidos. Un consenso en esta materia se hace imprescindible para dotar de vigor los estudios y las materias objeto de aprendizaje y enseñanza.

7.- Implicación familiar. La amplia correlación entre el éxito escolar y el interés familiar por los estudios de los hijos ha sido puesta reiteradamente de manifiesto en multitud de investigaciones. Se señala mayor correlación entre el rendimiento de los alumnos y los estudios de la madre, así como el origen social. Vincular la familia a la escuela, corresponsabilizarla de los éxitos y fracasos de los alumnos, alentar su actualización y seguimiento de los estudios de los hijos, es la mejor forma de evitar un fracaso escolar que ronda el 28%.

8.- Relacionar la educación con el empleo. Los alumnos salen del sistema educativo con un título, pero sin saber hacer casi nada. Se ha introducido el modelo de competencias, pero éstas son generales, no específicamente profesionales. El modelo DeSeCo de la Unión Europea, se conoce en los ambientes académicos, pero no en los laborales. Un maestro tiene que salir de la universidad preparado para dar clase y para afrontar unas oposiciones; un abogado para opositar o para abrir su despacho. Nuestra separación entre conocimiento académico teórico y aplicado no es viable.

9.- Investigación, aprovechamiento e impacto. Nuestras universidades investigan, mucho, pero se desconocen los resultados y éstos no se aplican. El nivel de impacto de las investigaciones se mide por las citas de un artículo o de un libro, lo que genera camarillas, mediocridad y pensamiento débil. Debiera medirse por su nivel de aplicabilidad y realización social y establecer mecanismos adecuados de difusión.

10.- Generar ilusión y autoestima. Los atávicos complejos como nación y como educadores siguen lastrando las realizaciones educativas. Sin embargo para educar bien basta con saber querer y poder; todo ello lo tenemos. ¿Qué nos falta? Ilusión por hacerlo. Decía Saint-Exupery: Si quieres construir un barco, no empieces por buscar madera, cortar tablas, o distribuir el trabajo… Comienza por evocar en las personas el anhelo del mar libre y ancho…

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