miércoles 18.09.2019

Dios mío, no

Merece la pena vivir en Israel donde no está aceptado el matrimonio civil y los divorcios son dirimidos por la autoridad religiosa. Merece la pena (una o más penas), pues los ultraortodoxos judíos (de quienes depende el gobierno de Netanyahu para seguir en la piragua ahora que se acercan elecciones) han logrado que se pague y promueva una campaña para que las mujeres israelíes vuelvan en masa a practicar los baños rituales que prescribe la ley mosaica, baños para purificarse después de cada menstruación, esto es: han de ir a una sinagoga o estancia religiosa que disponga de piscina o pilón con agua de lluvia donde tienen que seguir el ritual del «mikveh» y sumergirse enteras tres veces seguidas de pie, desnudas, en el séptimo día después de menstruar, no pudiendo en ese tiempo mantener relaciones sexuales con el esposo (estupendo, bien viene otra razón amén de la jaqueca).


Además, en sinagogas, bodas y tradiciones los hombres judíos van a un lado (el bueno) y las judías a otro, detrás, aparte, separación de sexos que a veces se impone en espectáculos públicos o autobuses aunque el Tribunal Supremo israelí sentencie en contra. Qué amigo es el judaísmo de tabiques y celosías para que la presencia de la mujer no distraiga o... turbe. El cristianismo retuvo algo de esto al ser hijo directo de la Biblia y de la norma judía. En nuestras iglesias mozárabes la mujer iba aparte. Y lo extremó la vida claustral donde la monja velaba el rostro entero a lo musulmán o vivía tras reja tupida, aún hoy algunas, sin mostrarse. ¿Y la purificación de las recién paridas?...


Merece la pena vivir en Israel, en el gozo de tener un dios tan viejo como Yahvé de jefe de estado y a sus más picudos rabinos de ministros. La teocracia es eso. Pero ahí es democracia, cágate, que el 80% de Israel es judío.


Pitorreo Peláez: considerando que no hay rabinas en las sinagogas, ¿quién coños supervisa el ritual de purificación postmenstrual con ellas desnuditas ahí?, porque ahí veo yo a los tres célebres ancianos de la Biblia espiando a la casta Susana en su baño y babeando el acoso.

Dios mío, no
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