jueves 22.08.2019
HOJAS DE CHOPO

Diputaciones (y 2)

En la elección de diputados provinciales necesitamos saber qué modelo de provincia proponen todos los partidos que se presenten: propuestas razonadas, posibilidades de ejecución y viabilidad económica. No sirven declaraciones de intenciones genéricas sin solidez presupuestaria. Sobran Tierras de Jauja. Sin promesas vinculantes —otro tema de debate—, puede quedar todo en papel mojado. Necesitamos saber quiénes se presentan para ejecutar tales propuestas y que sea el ciudadano, sin subterfugios ni envoltorios, quien decida. Mayor valoración de la institución. Lo ocurrido hasta el momento ha provocado la presencia en algunos casos de corporaciones planas, pero sumisas, levantiscas en ocasiones, con ribetes de comedia de celos. Ceder poder nunca gusta a quienes lo ejercen. Hacer sombra a quien ocupa el sillón de mando, un riesgo, lo que nos permite cierto grado de entendimiento. Enemigos interiores. O íntimos. Los dioses suelen ser vengativos con quienes los traicionan. Y es que las protestas se enraízan normalmente en el ámbito de lo personal.

Las diputaciones son el sustento de un más que notable poder económico y político. Son dos de los grandes atractivos que las convierten en inevitable objeto de deseo. Y por ello, razón más que suficiente para renovar el sistema de elección, que debería ser directo, más objetivo por tanto, sin el riesgo de mirar siempre el ombligo del propio municipio, o el olvido tan frecuente, con menos diputados por supuesto, los necesarios para la labor de propuestas y ejecución o de control en el caso de la oposición. En el actual sistema nos podemos encontrar con la paradoja de encomendar el gobierno por parte del aparato a varios de los ‘perdedores’ en sus propios municipios. Las extrañas ‘leyes’ de las compensaciones políticas pueden convertir así las corporaciones provinciales en una plataforma en el recorrido hacia la temida profesionalización de los políticos.

Se insistía días atrás, sin ningún fundamento, ya que es obligación dictada por la ley, en? atender desde la Diputación a poblaciones de menos de veinte mil habitantes. Como si fuese un descubrimiento. No podría ser de otra forma, aunque se haga con frecuencia la vista gorda, hasta el extremo de que en los últimos tiempos más pareciera sucursal del municipio capitalino o viceversa. La historia de las imágenes que dan fe son de suma elocuencia.

La objetividad debe imponerse como sistema. Quedarse anclado, como estas instituciones, es siempre motivo de riesgo

Diputaciones (y 2)
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