miércoles 22.01.2020
TRIBUNA

TRIBUNA | ¿Diremos adiós a El Encuentro?

Hoy en día, las imágenes que nos regala El Encuentro en las mañanas de los viernes santos constituyen, sin duda alguna, las más famosas y reconocidas de la Semana Santa leonesa a nivel nacional e internacional. Me padece muy difícil imaginar León sin ese acto que supone, de hecho, el más grandioso y espectacular de la Semana Santa leonesa, aunque, para qué negarlo, haya otros muchos cargados de esencias leonesas y cofrades.

 

Podría decirse, sin temor a equivocarnos, que El Encuentro ha pasado a ser patrimonio de la ciudad, de su historia y de la propia Semana Santa.

 

Y es que, si bien es cierto que se celebran encuentros en multitud de ciudades españolas e, incluso, en Cuba (Camagüey), el de ‘Jesús’, el de Los Negros es el único —que conozca el que escribe— que congrega trece pasos de misterio propiedad de una única cofradía, pasos que, por otra parte, atesoran gran calidad histórico artística, pudiendo ver tallas de los siglos XVI, XVII, XX y XXI (Becerra, Gregorio Fernández, Tudanca, Víctor de los Ríos, Ángel Estrada, Navarro Arteaga, sólo por citar algunos).

 

Aunque desgraciadamente no hay antecedentes documentales en la cofradía, es más que probable que el acto se comenzara a celebrar, cuando menos, en el siglo XVIII, teniendo en cuenta que, en 1865, el poeta universal Gustavo Adolfo Bécquer u otro periodista por encargo de éste, lo contempló y narró en un artículo y representación en grabado de Federico Ruiz. Años más tarde (1881), se reprodujo el texto y el grabado en la revista madrileña Amigo. Por cierto, en ese grabado, aparecen en la plaza todos los pasos que tenía en propiedad la cofradía, en aquel momento (8: Oración, Coronación y Expolio de Tudanca, Flagelación de Becerra, El Balcón, Nazareno —de Gregorio Fernández— y Cireneo así como San Juan y La Virgen Dolorosa —en un único trono—; hasta el siglo XX no se incorporan crucificados a la Procesión y hasta 1928, no sale La Verónica), celebrándose el sermón cuya voz era quien «ayudaba» a «dar vida» y movimiento a los pasos.

 

Recientemente, el actual abad de la penitencial negra, ha manifestado en prensa la posibilidad de remodelar el acto, evitando que todos los pasos esperen en la plaza basándose en recuperar el espíritu penitencial de la agrupación e intentando celebrar el acto solo con los pasos de San Juan y Dolorosa como se hizo sólo unos pocos años durante el siglo XX. A nuestro juicio, y sin perjuicio de que deban ser los hermanos quienes decidan la cuestión (el día 16 de noviembre y en Junta General Extraordinaria se tomará la decisión), no nos parece muy acertada dicho sea con el respeto y obediencia al mandatario como marcan los estatutos.

 

Y es que, si queremos recobrar el espíritu de antaño, habrá que convenir que El Encuentro se organiza desde hace siglos como lo estamos celebrando en la actualidad: con sermón y con todos los pasos en la plaza. No vemos, por otra parte, razón alguna que impida la recuperación del espíritu de oración y penitencia con la celebración del Encuentro. Esa finalidad, loable, todo hay que decirlo, se consigue con el esfuerzo y compromiso de los hermanos sin necesidad de suprimir ni remodelar el acto cumbre de nuestra Semana Santa.

 

Si lo que se desea es que no haya dos descansos que rompan la procesión, tengamos el compromiso los hermanos de no hacerlos o, si se desea, estúdiese la posibilidad de hacer el descanso inmediatamente después del Encuentro para, una vez finalizado éste, continuar la marcha de la procesión por el recorrido tradicional.

 

Y si de recorrido hablamos —y lo que se pretende es ganar tiempo para no perjudicar las procesiones de la tarde—, elimínese de una vez por todas la zona del ensanche y, una vez llegada la procesión a la plaza de Santo Domingo —donde están nuestros orígenes— váyase por Legio VII, plaza de San Marcelo y Rúa… ya que este recorrido (el paso por Ordoño) se acordó proponerlo en Junta de Seises de fecha 6 de febrero de 1963, aprobado en Junta General de 24 de febrero de ese año, siendo la razón inicial el agradecimiento a una generosa donación de la familia Ramos Millán —que vivían, precisamente, en esa calle ahora semipeatonal—. Y, por lo tanto, en un devenir histórico de más de cuatrocientos años, los últimos cincuenta son pocos, a nuestro juicio, para mantener ese recorrido por las calles modernas. Justo a la inversa de lo que sucede con el Encuentro: muchos más años contemplan el acto como lo conocemos y no sólo con los pasos de San Juan y La Dolorosa.

 

El Encuentro de los Viernes Santos ha pasado a ser por méritos propios de León y de los leoneses, algo consustancial a la ciudad y a la Semana de Díez Días, lleno de magia, espectacularidad y devoción. Mejoremos las cosas, sí. Pero centrémonos en lo que requiere mejora, no en lo que es, por sí mismo, inmejorable, genuino y exclusivo de nuestra querida Semana Santa.

TRIBUNA | ¿Diremos adiós a El Encuentro?