martes 28.01.2020

TRIBUNA | El pacto del pesebre

«El pesebre hace milagros». Lo enunciamos en un artículo anterior titulado ‘El problema es Pedro Sánchez’, a la vez que señalábamos que «su legado es una España dividida y un PSOE secuestrado y enfrentado entre sanchistas y socialdemócratas, que temerosos de perder la mamandurria, hasta los barones y sus cuadros más moderados han terminado abrazando el sanchismo». Ha sucedido con la mismísima Susana Díaz, hoy ‘más sanchista que Pedro Sánchez’, e igual puede afirmarse de los ‘cagones’ (con perdón) de García Page y Fernández Vara; amén de otros —ex como José Bono, Ramón Jáuregui, etc. Y es que el ‘invierno’, además de frío, resulta ser demasiado largo.


Al preacuerdo —así consta en el documento que firmaron Sánchez e Iglesias— le han dado diferentes adjetivos por la variedad de calificativos con los que articulistas, tertulianos, politólogos, opinadores y prensa en general se han referido al mismo. Entre la variedad de denominaciones encontramos las de ‘pacto social-comunista’, ‘pacto progresista’, ‘pacto del insomnio’, ‘pacto de Morfeo’, ‘pacto súbito’, ‘pacto del abrazo’, ‘abrazo de la mentira’, ‘abrazo del miedo’, ‘abrazo de la vergüenza’, ‘ortopédico abrazo’, ‘Club El Hemiciclo’, éste último complementado con el añadido de que «sea como fuere, allí, en aquel pequeño descampado, junto a la carretera, entre algún que otro charco, tetrabriks sedientos y plásticos de diversos usos tirados por el suelo húmedo con restos de asfalto, se dieron un abrazo y se conjuraron para seguir sin pasar hambre. Cada uno había acudido en su coche. Venían de lugares distintos, aunque en su alma habitaban las mismas pulsiones» (C. Mata).


‘El pacto del pesebre’ es el título elegido, pero bien podría haber sido ‘el abrazo del pesebre’. Lo mismo da, que da lo mismo. Lo importante, para ellos, no es España ni el interés general de los españoles, sino el poder y el pesebre. No lo decimos nosotros, fue el ‘bocas del Pisuerga’ quien de forma premonitoria alimentó las redes al asegurar que «algunos dan la sensación de no haber comido caliente en su vida porque llegar y entrar en política con esas ansias de tener un piso, de tener un coche oficial, de tener un chófer, desde luego demuestra tener muy poca talla de todo tipo». El mismo que se dio prisa en difundir la foto de Rivera e Iglesias mientras conversaban en la cafetería del Congreso, y sin embargo calla ante el apasionado abrazo entre Sánchez e Iglesias donde les faltó el beso a lo Brézhnev y Honecker, como el protagonizado más recientemente, también en el Congreso, entre Iglesias y Domènech. «El abrazo entre ambos parece más una estampa del libro del Amor Cortés que un pacto político a juzgar por el rostro de Iglesias, que cierra los ojos entre el alivio y el éxtasis» (K. Sainz Borgo). El de Sánchez e Iglesias es el auténtico ‘pacto de la rapiña’, del que tanto gusta hablar a los socialistas de Castilla y León. Pacto que dejará España como un solar. Y tendrán la desvergüenza de hablar después de despoblación y de retorno del talento. ¡Mamma mía!


El preacuerdo, «redactado desde la banalidad y el vacío mental absoluto» (M. Giménez), y que por su simpleza, en palabras de Igea, bien podría haberlo redactado su sobrina-nieta, tenía como objetivos prioritarios, y urgentes, salvar el trasero de Pedro Sánchez, Iván Redondo y José Félix Tezanos, principales culpables de haber llevado a los españoles a nuevas elecciones; ocultar el rotundo fracaso de Sánchez en su fallida pretensión de conseguir los 150 diputados que un manipulado CIS le auguraba; impedir maniobras en su contra dentro del PSOE y cortar todo movimiento interno favorable a un candidato alternativo al que pudieran apoyar, incluso pactar el programa de gobierno, el PP y Ciudadanos; presionar al Rey, sin darle opción a escuchar a dirigentes de otros partidos políticos con representación parlamentaria, para elegir al ‘caudillo socialista’ como único candidato a la investidura del gobierno, salvo amenaza de volver a convocar nuevas elecciones; y consolidar una situación de hechos consumados, solo apoyada por militantes radicalizados y guerracivilistas, mientras que es reprobada por muchos de sus votantes y la mayoría de los españoles. Todo un compendio de sucias artimañas propias de políticos mediocres.


Sánchez, secuestrado y narcotizado el PSOE, necesita retener y dopar a UP. Para conseguir los escaños que le negaron las urnas, maniobra malvadamente para apropiarse de los de la avara y disgregadora UTE (Unión de Tragones Españoles), que diría Rosa Díez, haciéndoles partícipes del pesebre, marca y seña de identidad de la ‘corrupción sanchista’. Pesebre del que estaban beneficiándose los miembros de la tribu y socialistas de latitudes varias, y que ahora Sánchez está dispuesto a compartir con todo lo peor del patio nacional a fin de apesebrar voluntades sin importarle los desgarros sociales y la ruptura territorial.


Si el sanchismo es igual al pesebrismo y el pesebrismo lo es a la corrupción, por deducción lógica, sanchismo y corrupción son lo mismo. ‘Corrupción sanchista’ que, como los vehículos, se fabrica en diferentes versiones, circula por distintos ámbitos y se conduce de manera multiforme. Corrupción ética es plagiar tesis doctorales; corrupción intelectual es aparecer como autor de libros escritos por terceros; corrupción política es servirse de una cuestionada sentencia para presentar una moción de censura; corrupción familiar es colocar a allegados y afines en organismos públicos; corrupción institucional es utilizar las instituciones del Estado, y el dinero público, al servicio de una persona y de su causa; y corrupción partidista es diseñar pesebrEREs para crear redes clientelares con las ayudas a los parados. ¿Alguien da más?


Urge impedir saltar la primera valla.

TRIBUNA | El pacto del pesebre