jueves 17.10.2019
TRIBUNA

Elogio de la prensa escrita

Aquellos generales romanos que atravesaban triunfantes la Via Sacra, en dirección al Capitolio, en una cuadriga con bellos caballos engalanados. Empachados de aplausos, con el enemigo subyugado, y la cabeza ceñida por una corona de laureles, aparecían arrogantes, impresionantes con sus armaduras de plata brillando bajo el impacto de los rayos del sol.

En el camino, la plebe, siempre voluble, aullaba de entusiasmo, mientras a su espalda el esclavo que sujetaba la corona de laurel le musitaba sin cesar al oído «Cave ne cadas» (cuida de no caer), no te confundas: todo poder es efímero y toda gloria pasajera. Estos hombres que hoy te veneran, mañana, pedirán tu cabeza.

Desde muy joven tengo la costumbre de guardar páginas de periódicos, noticias, artículos, reportajes, entrevistas interesantes. Dicen los que saben de esto que las tres cosas que más estrés producen en la vida son el cambio de trabajo, el divorcio y una mudanza. Pues yo, como consecuencia de lo tercero, motivado por lo primero, he estado a punto de experimentar lo segundo por mi insistencia en conservar mis miles de hojas de periódico en cada una de las once mudanzas que he sufrido en los últimos veinticinco años.

Últimamente se está produciendo una apropiación escandalosa de la figura de Adolfo Suárez, precisamente, por quienes fueron algunos de sus más implacables detractores. Hubo una época en que Adolfo Suárez era tratado como un apestado. La derecha le acusaba de traidor y la izquierda le tildaba de franquista. No deja de asombrarme cómo un político tan denostado y repudiado es visto, ahora, como una especie de santo; que le ensalcen quienes, hasta hace no tantos años, propiciaron su descrédito. Sin ninguna vergüenza los mismos que, ayer, se negaron a reconocerle —ni tan siquiera— con una calle en las ciudades en que tenían poder político para hacerlo, hoy, participan como plañideras en homenajes de todo tipo.

Se acaba de cumplir un año del asesinato de la presidenta del Partido Popular de León y presidenta de su Diputación, Isabel Carrasco. La mujer más poderosa —y temida por propios y extraños— de la política leonesa durante años. Dueña de vidas y haciendas. Ahora son legión quienes se autoproclaman víctimas de su mal carácter y de su mano de hierro, de su autoritarismo. Hace unos días uno de ellos dijo que la época de Isabel Carrasco tuvo sus cosas buenas y otras no tan buenas… Quien ha hecho estas declaraciones es uno de los que —en vida— la adulaba hasta la asfixia y le debe toda su carrera política. Su afirmación le define.

Otro caso singular es el del sucesor de Carrasco al frente de la Diputación de León, Marcos Martínez Barazón que pasó de rey a villano a la velocidad de la luz… Muchos han perdido la vergüenza, el sentido del ridículo o piensan que los demás somos tontos. Es increíble la gente que, sin ningún tipo de rubor, hoy repite aquello de «ya lo dije yo», «yo lo sabía pero no podía», «nunca me gustó»… Y digo sin rubor porque, gracias a la prensa escrita, ahí están las fotos de las múltiples ocasiones en que algunos de estos «conversos» rendían pleitesía al ahora caído en desgracia.

Y para muestra, dos episodios. Unos días antes de que este señor sucumbiera (políticamente), se celebró la ceremonia institucional de la Diputación en la Feria de los Productos de León. A la entrada de la plaza de Toros hubo momentos donde la fila llegaba a la puerta grande. Para saludarle, reiterar lealtades, hacerse notar, lograr un apretón de manos y, los más afortunados, un abrazo apretado. Hay fotos, muchas fotos.

O la víspera de su púnica detención, en el besamanos previo a la comida que un grupo de notables de la zona tuvieron con él en el Hostal de San Marcos. A algunos, me consta, no les dio tiempo a enmarcar y exhibir la foto en su despacho profesional pero si de compartirlas en las redes sociales. A otros sí. Y, tan pronto, como se supo la noticia, corrieron a cambiar la foto. No hay nada tan reciclable como un portarretratos. Y nada más rápido que eliminar las fotos de las redes sociales que quedan en ese limbo cibernético que llaman «nube», único que nos queda después de que el Papa emérito nos dijera que ya no existe el de siempre.

Y, en ese limbo, amparado en el derecho al olvido, uno encuentra con dificultad. Pero, afortunadamente, del Diario de León no pueden eliminarse las páginas de sus miles de ejemplares, con fotos tan claras, tan expresivas, tan elocuentes sobre quién-es-quién y, sobre todo, con quién está uno o, perdón, mejor dicho, estaba… Por todo ello hago un reconocimiento a la prensa escrita y, muy especialmente, a Diario de León, como baluarte de la verdadera memoria.

Elogio de la prensa escrita
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