miércoles 13.11.2019
TRIBUNA

TRIBUNA | Historia de un resentimiento

He leído con profundo disgusto el artículo que Ana Gaitero ha firmado en el Diario de León el día 8 de octubre, aludiendo a Agustín Molleda y a su último trabajo Ave María Purísima, que versa sobre las que fueron sus compañeras en San Cayetano.

 

Molleda, al que conozco, demuestra muy poco conocimiento del colectivo femenino de San Cayetano y de las religiosas que las atendían, atribuyendo a todo el conjunto lo que muy posiblemente solo sea atribuible a un reducidísimo grupúsculo. Escribe, a mi juicio, de forma pseudonovelada, para ocultar su fijación agresiva contra la institución que le acogió, desde recién nacido, en 1949, hasta 1955 y luego en San Cayetano, desde 1955 hasta 1967. Manifiesta sin rubor, al margen de fobias y filias, un grave resentimiento que le lleva a hacer juicios y afirmaciones sobre personas y sobre la propia institución, alguna de las cuales raya presumiblemente la difamación, al hacer acusaciones que no podría probar ante un tribunal.

 

Haber sufrido una agresión real o imaginaria produce siempre sentimientos de dolor, de fracaso, de frustración... Normalmente, con el tiempo y el equilibrio personal se suele olvidar o minimizar las situaciones negativas y los sufrimientos vividos; pero se dan casos en los que esos sentimientos no se eliminan; al contrario, se interiorizan, se incuban y se incorporan a la esencia o modo de reaccionar de la persona: eso es el «re-sentimiento», según el Dr. Gregorio Marañón. El resentimiento no depende tanto de la magnitud de la agresión sufrida, cuanto de la personalidad del agredido.

 

Afirma Molleda que ni él ni sus compañeros mantenían trato con las niñas, adolescentes o jóvenes, es decir, desconoce en profundidad el tema y usa, dándolo por bueno y real, lo que alguien le ha contado, pero no da pruebas, como para atribuir «maliciosamente» conductas que ni eran generalizadas ni sistemáticas. Denigra la labor de las Hijas de la Caridad, que le hicieron de madres, pues la suya le dejó en el torno, y desconoce que, desde 1852 por una Real Orden, todas las niñas de los hospicios de España y concretamente el de León, tenían como maestras a las Hijas de la Caridad, preparadas ad hoc, cosa que no tuvieron miles de niñas de todo el Estado español, porque no había maestras suficientes para toda la población infantil femenina. No así los varones, que siempre tuvieron preferencia educativa-docente.

 

Las niñas en las escuelas públicas de toda España, hasta los años 60 del pasado siglo, recibían una enseñanza muy centrada en las labores de la casa, mientras que en el hospicio de León, tenían escuela normal, como los niños y un plus formativo que las preparaba para saber desenvolverse llevando una casa. En el hospicio de León, desde 1864 hasta 1950, hubo además la llamada Escuela de la Reina, dirigida por las Hijas de la Caridad para las niñas de León que no tenían otra posibilidad para escolarizarse. En 1950, la citada escuela pasó al colegio de la Milagrosa, que construyó la Caja de Ahorros y cedió a las hijas de la Caridad, en la Corredera.

 

Afirmar, como hace Molleda, que eran raras las niñas que estudiaron bachillerato y estudios superiores, es demostrar un gran desconocimiento, pues muchas estudiaron magisterio, comercio y taquimecanografía, así como preparación para auxiliares de laboratorio y enfermería. De hecho, la Diputación fue la creadora de la primera escuela de Enfermería, que nació precisamente en San Cayetano en el año 1966 y hoy es una Escuela Universitaria de prestigio nacional, contando al principio entre el profesorado a varias hijas de la Caridad.

 

La primera característica del resentido es su falta de generosidad, su mediocridad moral. Su inteligencia suele ser de tipo medio, pues son excepcionales tanto los resentidos «tontos», como los «superdotados». Otra característica del resentido es que su pasión le lleva al ataque impersonal o social y, si llega al ataque personal en alguna ocasión, dicho ataque no va tanto contra personas concretas, sino contra las instituciones a las que pertenecen. En el caso que nos ocupa, las publicaciones sobre San Cayetano de Molleda se ceban contra las dos instituciones religiosas, Terciarios e Hijas de la Caridad y contra la propia Diputación, que era la tutora y responsable de los niños y las niñas. El resentido, aun habiendo sido beneficiado por la acogida y la atención institucional, no suele ser agradecido, aunque puede, a veces, mantener las formas. El resentido es descaradamente crítico y cicatero con los demás, pero hipersensible a cualquier crítica hacia su persona.

 

No es mi intención herir a la periodista, pero no me parece mínimamente justo ni ajustado a la verdad haber puesto como título el entrecomillado, ni el Mandato de género, igualmente entrecomillado, aunque ambos sean de Molleda, porque ella sabe muy bien que la mayoría del público es lo único que lee y con lo que se queda, cuando simplemente echa una ojeada rápida al periódico: «A las chicas de San Cayetano las educaban para coser y fregar» y «Las chicas estaban al servicio de Dios, España y los hombres, bajo la tutela de las monjas». Dos afirmaciones falsas, ofensivas y absolutamente injustas.

 

A Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César.

TRIBUNA | Historia de un resentimiento
Comentarios