martes 17.09.2019
FUERA DE JUEGO

Historias a diario

No sé que me cansa más. Lo del día internacional del no se qué o lo del aniversario de la conjunción de Casiopea con Andrómeda. Pero resulta complejo aislarse del bombardeo y entre datos de todo tipo surgen algunos que quizá sí dan razón de ser a tanto almanaque informativo. Resulta que a estas alturas, 30 años después, todavía siguen en prisiones chinas —probablemente poco recomendables— algunos de los que osaron en Tiananmen plantar cara al último gran totalitarismo del Planeta. Llama la atención que nadie se acuerde de ellos. O que nos enteremos a estas alturas de que existen allí escuelas para ‘reeducar’ a los musulmanes. Ocurre en un gigante que ejerce como tal, y al que nadie le rechista aunque pisotea a diestro y siniestro. Como ocurrió en media Europa precisamente hasta que hace también justo 30 años, en 1989, caía el Muro de Berlín y dejaba a la luz las vergüenzas que ahora nos intentan hacer olvidar.

El enredo de tanta efeméride provoca que estos días también llegue el aniversario del Día D, eso sí, eclipsado por las torpezas del populista de la Casa Blanca. Probablemente es la jornada más importante del siglo XX, porque el mundo civilizado se unió para atacar a los totalitaristas. Sólo aquel día murieron más de 3.000 chavales en las playas de Normandía y quizá gracias a su sangre vivimos hoy en libertad y paz. Parece saludable recordarlos, entre tanto homenaje al no sé qué desconocido...

España vio todo aquello desde las barreras, o lo que quedaba de ellas tras una guerra incivil que no terminaba de acabarse, porque nuestra historia parece que a estas alturas siguen escribiéndola políticos y jueces. Algo que no ocurre en ningún otro lugar del mundo, o más concretamente de Europa, donde yacen millones de muertos de aquellos tiempos en los que se disputaban la primacía del Planeta los ultras de uno y otro lado, eso sí, sin que nadie esté a diario rebuscando reverdecer problemas.

A Franco hay que sacarlo del Valle de los Caídos. Pero no servirá para zanjar nada, porque ese no es el interés real. Ni tampoco escuchar a historiadores que dejan claro que España avanza cuando se deja trabajar a los reformistas. Fue el éxito del inicio de la II República. La segunda etapa igualó las cosas. Se dejó hacer a los extremistas de uno y otro bando, y eso llevó a Occidente a mirar para otro lado. Entre guatemala y guatepeor eligió el carril conocido. Ahora, según Zapatero, el auge extremista tiene fecha de caducidad porque los ciudadanos volverán a los rediles clásicos al ver las vergüenzas a los populismos.

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