martes 22.10.2019
AL TRASLUZ

Impronunciable

Un amigo me manda las cinco palabras más difíciles de pronunciar en castellano: otorrinolaringólogo, institucionalización, desoxirribonucleico, esternocleidomastoideo y perdón. En las cuatro primeras puede haber discrepancias sobre su dificultad, no así sobre en la quinta. Hace unos días otra persona me dijo: «Acabo de leer tu libro sobre el poder, y estoy de acuerdo en la importancia que en política tiene perdonar». Y añadió: «El asesinato de Isabel Carrasco es obra de quienes no perdonaron». Cierto. Hay quienes creen que el verbo perdonar nunca formó parte del vocabulario de la víctima, pero al ser asesinada se interrumpió su posibilidad de aprenderlo. Pero tiene razón el fiscal: no están ahí para juzgarla. Pues claro que era frecuente escuchar acerca de su gran dureza de trato. Y sin embargo... en todos nosotros persiste un eco de infancia perdida. Días después de ser asesinada, una mujer me contó que semanas antes estaba aguardando turno para ser recibida por ella en la Diputación, cuando salió la persona con la que estaba reunida y en vez de marcharse se quedó hablando con otra que esperaba turno. Entonces, todos pudieron escuchar estupefactos cómo la presidenta clamaba al conserje: «¡Abre las ventas que ha dejado pestazo a vaca!». Cruel, sin duda. Por la tarde, la persona que me lo contó llevó a su nieta a un acto en el que coincidieron con Carrasco. Ésta se agarró con dulzura a la mano de la niña y ya no la soltó. «¿Cuál de las dos era la verdadera?», me preguntó. No supe que contestar.

Cabe preguntarse también si el Rey habrá perdonado que el líder de IU, Antonio Garzón, le haya llamado, hasta en seis ocasiones, «el ciudadano Borbón». Seguro. Y de no ser así, el olvido selectivo es también una forma de majestad. Si no puedes perdonar, olvida.

Si intentamos dividir España en derechas e izquierdas la clasificación se nos queda coja, por restrictiva. Las etiquetas sirven para organizar la despensa, no a las personas. Las ideologías separan de forma maniquea; los valores unen en la diferencia. A las cinco palabras que me remiten como las más difíciles de pronunciar añadiría una sexta: tolerancia. Por ello, algunos prefieren decir combalache. Pero no significan lo mismo.

Impronunciable
Comentarios