domingo 15.09.2019

La armonización fiscal

El de la armonización fiscal es uno de los más viejos debates del proceso de integración europea. En el Tratado de Roma de 1957 se establecía como objetivo fundamental la creación de un Mercado Común. Posteriormente, el Acta Unica Europea, firmada en Luxemburgo en febrero de 1986, establecía la creación, a partir de 1993, de un Mercado Unico Interior, lo que supondría la desaparición de las fronteras interiores la libre circulación de bienes, personas, servicios y capitales dentro de la Unión Europea. Por otra parte, el Tratado de la Unión Europea, el Tratado de Maastricht de 1992, lanzaba la creación de una Unión Monetaria que desembocaría en la creación del euro. En este contexto de creciente integración económica y monetaria, las diferentes normas fiscales entre Estados generan distorsiones.


En el artículo 113 del Tratado de Funcionamiento de la UE se recoge que cualquier medida legislativa en el ámbito de la fiscalidad debe ser adoptada por unanimidad de todos los países d el Consejo Europeo. En estas condiciones, es difícil avanzar en el camino de la armonización, máxime cuando el sector más liberal de la UE, generalmente vinculado a los ‘paraísos fiscales’ existentes de facto, sostiene que la fiscalidad ha de ir vinculada a la soberanía nacional de cada país.


Francia estableció el pasado julio el «impuesto tecnológico», un gravamen del 3% sobre los ingresos de compañías tecnológicas globales con más de 750 millones de euros de facturación y ventas de más de 25 millones de euros en el país. Reino Unido, España, Italia y Austria piensan también implantar este impuesto. ante la brutal oposición de Trump, que ha anunciado represalias. En España, el concepto de ‘armonización fiscal’ ha irrumpidido últimamente al anunciar la comunidad de Madrid «la bajada de impuestos de la historia». La competencia fiscal es saludable pero siempre que esté dentro de unos límites razonables.

La armonización fiscal
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