sábado 24.08.2019
cuarto creciente

La cigüeña azul

La Vía Láctea está abollada. Resulta que nos parecemos a una chapa de coca cola, o de cerveza si les gusta más, doblada por un abrebotellas. O a una sonrisa amarga, una boca con un rictus extraño; un labio hacia arriba y otro hacia abajo.

Si vivimos en una galaxia deforme —así lo confirma el mapa de las 1.339 estrellas de la Vía Láctea que acaba de publicar la revista Nature Astronomy del que se hace eco El Mundo— y en un planeta achatado por los polos como es la Tierra, a nadie le debiera extrañar que la raza humana se equivoque tanto, ¿verdad?

La historia de la humanidad es un círculo de errores, un bucle de guerras y conflictos. Nos explotamos los unos a los otros además, y aún somos incapaces de pensar como especie.

Porque no somos tan civilizados como creemos. Todavía nos aprovechamos de la debilidad ajena. Tenemos una tendencia atávica a discriminar al más frágil, al raro, al diferente. Y lo hacemos desde la escuela.

Viene esto a cuento de un relato infantil, La cigüeña añil, que el padre de una niña con una enfermedad poco común, Roberto Ferrero, ha escrito para que ningún compañero de clase mire a su hija de forma rara en el colegio. Porque en lugar de generar empatía y solidaridad, los niños que padecen patologías poco frecuentes tienen que soportar en demasiadas ocasiones que otros menores les hagan el vacío en la escuela, en el patio de recreo, en la calle, o aún peor, que los acosen porque están enfermos.

Esa es la realidad.

La Vía Láctea está abollada. Vivimos en un planeta achatado por los polos. Y la especie humana tiene una pedrada considerable en la cabeza, vaya.

Lo decía Albert Einstein, que tiene tanto de filósofo como de estudioso del tiempo y observador de las estrellas: Todos somos ignorantes, pero no todos ignoramos las mismas cosas.

Así que no nos queda más remedio que educar, y aprender. Y alentar a personas como Roberto Ferrero, que además trabaja en el departamento de enfermedades raras de un laboratorio farmacéutico en Bilbao, para que no se canse de explicarles a los niños la metáfora de la cigüeña azul rodeada de zancudas blancas. Porque así se estira una galaxia.

La cigüeña azul
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