martes 15.10.2019

¡La mare de Déu!

Me pregunto qué hará Dios cuando dos que son enemigos irreconciliables le hacen a la vez la pelota, le elevan su rezo o clamor, le ofrecen misas con turiferarios y, velada o expresamente, le ruegan que haga fosfatina al otro; o al menos, que le atice o le confunda, que del resto ya se encarga el rezador como el John Waine de una película de indios exclamando «Señor, no permitas que se mueran... ¡déjamelos a mí!».

No puede decirse que con tanto rezo —antagónico y simultáneo— se le haga a Dios la picha un lío (¿sonaría blasfemo?), porque Dios, en su omnímodo poder, no necesita picha alguna para acabar jodiendo a uno de los dos, pues lo normal de toda guerra o pleito es que uno acabe perdiendo, si es que no pierden los dos, que es lo habitual.
A ese Dios le reza hoy en Barcelona con solemnidad catedralicia el independentismo catalán, también muy necesitado de que su discurso coja ecos de bóveda de catedral donde truena o campanea la palabra divina... la gente arrodillada hace mucho caso a esos efectos especiales, que son místicos si además se esnifa incienso (ostrás, la voz mitrada de algún presu pulític puede sonar hoy en esa bóveda de la Catedral del Mar a trompetazo de Gedeón).

Organiza esta misa de la Diada la Lliga Espiritual de la Mare de Déu de Montserrat, abadía siempre presta a bendecir ese soberanismo para que así la feligresía catalana se convenza de la victoria en la seguridad de que no solo «Dios está con nosotros», «Y la Virgen, por supuesto», o sea, «Déu està amb nosaltres», «i la Mare de Déu, és clar». Es esa Moreneta patrona nacionalista a quien el ateo le pone la camiseta del Barsa y queda divinamente con la causa y con la religión, el fútbol, donde Messi es Dios y los estadios un tumultuoso rezo de esteladas.

También en capellanías militares de la ancha España hay misas hoy y es fácil suponer que en sus preces no salgan guapos los catalanes, sus «hermanos en la fe y todo eso» (Sócrates espera que Dios, hartito ya, pida a Júpiter que parta con un rayo a los litigantes).

¡La mare de Déu!