domingo 15.09.2019

La opinión del lector

Humor vs. tiranía

Óscar Wilde, ese irlandés inconformista y genial, dijo una vez que la vida era algo demasiado importante como para tomarla en serio. Sentencia controvertida y enigmática donde las haya. Personalmente, creo que se le podría dar la vuelta y decir que el humor es algo demasiado importante como para tomar a broma. Si no, que se lo digan a nuestra indecente y corrupta clase política, a la que parecen resbalarle los silbidos y abucheos a la puerta de los juzgados, pero que sin embargo han montado en cólera cuando los ciudadanos Ramiro Pinto Cañón y Natalia Arbolio (junto con una tercera persona que prefiere permanecer en el anonimato por motivos personales), pertrechados con una ristra de chorizos y unas narices de payaso, montaron una original protesta el día en que estaba celebrándose la elección del nuevo presidente de la Diputación.

Esto se lo han tomado bastante a mal sus señorías, quienes, en un despliegue de prepotencia y despotismo propio de los mejores tiempos de Franco, han volcado toda la maquinaria del poder contra estos tres presuntos culpables de terrorismo circense (digo lo de «presuntos culpables» porque la presunción de inocencia, al parecer, ya no existe en nuestro ordenamiento jurídico), levantando contra ellos falsos testimonios de «coacción» o desacato a la autoridad. Hubiera tenido más gracia, al menos, acusarlos de ejercer el payasismo sin licencia, o de tenencia ilegal de chorizos. Pero es evidente que nuestra clase política, aparte de golfa y choricera, carece del más mínimo sentido del humor. O tal vez el quid de la cuestión esté en que, acostumbrados como están a ser ellos los que se rían de la ciudadanía, les ha molestado ostensiblemente el cambio de tornas que se ha producido en esta ocasión, convirtiéndolos a ellos en el blanco de las carcajadas.

Al fin y al cabo, los insultos y vilipendios camino de las dependencias judiciales, invisten de cierta aureola de dignidad. Jesucristo tuvo también que soportarlos yendo hacia el Gólgota, o Juana de Arco camino de la hoguera, pero, ay, no hay nada más doloroso que el ser objeto de una burla.

Dos cosas empañan, sin embargo, las ganas de reír que, de ser otras las circunstancias, suscitaría semejante bufonada. Una, el hecho de que las autoridades jurídica y policial (cuyo cometido teórico es defender a los ciudadanos de la injusticia) se hagan eco de esta tropelía, al admitir a trámite una denuncia que debería haberse archivado inmediatamente. La segunda, más preocupante aún si cabe, el silencio cómplice y cobarde de los demás asistentes a la manifestación, que asistieron con absoluta pasividad a este flagrante abuso de autoridad, cuyo inesperado y dramático corolario fue la detención de los tres ciudadanos antes mencionados. Es fácil enarbolar una pancarta, pero no lo es tanto el dar la cara cuando las cosas se ponen feas. Como San Pedro, ahora que se acerca la Semana Santa, estos activistas de chichinabo negaron a sus compañeros, abandonándolos a su suerte.

La opinión del lector
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