miércoles 29.01.2020
TRIBUNA

La reforma de la Constitución

La reforma  de la Constitución

En los últimos meses altos dirigentes políticos están manifestando la necesidad de reformar la Constitución de 1978. Unos ponen como excusa la necesidad de encuadrar a Cataluña en España para que los catalanes se encuentren cómodos. Otros dicen que en esa reforma Cataluña debe ser reconocida como nación porque tiene unas singularidades propias y diferentes del resto de los españoles. Entre esos altos dirigentes partidarios de la reforma destaca el secretario del PSOE, Pedro Sánchez. Dice que hay que convertir a España en un Estado Federal. Da a entender además que esa reforma de la Constitución es urgente. Lo que no dice es cómo se va a hacer, quién la va a hacer, ni los puntos que se van a reformar. Parece dar a entender que, cuando él llegue al poder, su primera decisión será reformar la Constitución.

Admito que no soy persona con conocimientos de derecho político ni nada que se le parezca. Apelo sencillamente al sentido común, algo de lo que carecen algunos de nuestros dirigentes políticos. Decir que sólo los catalanes tienen singularidades propias es desconocer al resto de los pueblos españoles. A ver quién discute las singularidades propias de los andaluces, de los asturianos, de los castellanos y así de todos los diversos pueblos de España. Todos los pueblos de España son singulares, es decir, distintos, ninguno es igual a otro. Admitir la singularidad de Cataluña quiere decir que es necesario concederle un plus de superioridad sobre el resto de los pueblos. Hay cosas que están muy claras.

La Constitución del 78 fue aprobada mayoritariamente por todos los españoles mediante un referéndum nacional. Cuando se celebran unas elecciones generales, los ciudadanos votamos unos partidos para que legislen conforme a la Constitución, no para cambiarla. Por eso, las personas elegidas por los partidos para gobernar acatan la Constitución mediante juramento de cumplirla y hacerla cumplir. Pienso que modificar algunos puntos muy sensibles como hacer un Estado Federal, o reconocer a Cataluña como nación no es misión de un Gobierno, sino del pueblo español en conjunto. El Gobierno puede, si lo cree conveniente, proponer una reforma de la Constitución, pero sólo el pueblo soberano tiene el poder de decidir si esa reforma es aprobada o denegada. Eso es la auténtica democracia. La palabra democracia viene del griego y significa «el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo». Las bases de la democracia son necesariamente la soberanía popular y la igualdad de todos los ciudadanos ante la ley.

Algunos aseguran que la soberanía popular reside en el Parlamento español y por eso está capacitado para llevar a cabo las reformas de la Constitución que crea necesarias. Yo creo que las cosas no pueden ni deben ser así. El Parlamento es el representante del pueblo, no es el pueblo. No es lo mismo un representante que la empresa. El representante debe actuar conforme a las normas de la empresa. Si el Parlamento español pudiera reformar la Constitución podrían ocurrir cosas como las siguientes: podría ocurrir que ganara las elecciones un partido de izquierdas e hiciera una Constitución de izquierdas. Podría ocurrir que las ganara un partido de derechas e hiciera una Constitución de derechas. Podría ocurrir que las ganara un partido radical, que presume de defender la dignidad de la persona y que incluya una ley que atropelle lo más sagrado de la dignidad humana, que es la libertad de conciencia, eliminando a Dios por decreto. Podría ocurrir que el partido ganador declarara ilegal a todos los partidos contrarios a su ideología, más o menos como ha pasado con el comunismo. Podría ocurrir que un partido concediera el derecho de una región a proclamar la independencia, separándose de España.

Si cuando llega un partido al poder pudiese reformar la Constitución, podría suceder que cada cuatro años España tuviera una Constitución. Eso no es democracia, sino partitocracia ya que cada partido podría modificar la Constitución a su antojo. Lo que votamos los españoles no es a personas, sino a partidos políticos, que nos van a gobernar el Estado durante cuatro años. En este tiempo el Gobierno debe gobernar conforme a las leyes de la Constitución, y por eso, al tomar el poder debe jurar «cumplir y hacer cumplir la Constitución». El Gobierno puede proponer una reforma de la Constitución, pero solamente el pueblo tiene la soberanía de decisión.

Si un partido político pudiera modificar la Constitución estaría degenerando la democracia en partitocracia, asumiendo la soberanía del pueblo, impidiendo que éste tome parte en las decisiones importantes del Estado.

La reforma de la Constitución del 78, como cualquiera otra obra humana, es siempre mejorable. Entre otros, debería reformarse el artículo 2º que, además de mal redactado, es contradictorio con el 9º-2. La creación de 17 autonomías, tal como están hechas, son antidemocráticas porque atentan contra la imprescindible igualdad de todos los ciudadanos. Las autonomías han traído grandes diferencias entre ellas y dentro de algunas de ellas. Han creado unos dos millones de asesores políticos que son la causa de la crisis más grave que ha tenido España en toda su historia.

Las autonomías han originado infinidad de corruptos generalizados, lo que demuestra la grave pérdida de valores, valores que en siglos pasados habían hecho de España una de las grandes naciones del mundo. Por si todo esto no fuera bastante, la Constitución del 78 nunca se ha cumplido ni se ha hecho cumplir a pesar de todos los juramentos de los gobernantes.

Considero que es necesaria una reforma de la Constitución española, pero siempre bajo la soberanía de todos los españoles y, sobre todo, para hacerla cumplir.

La reforma de la Constitución