sábado 24.08.2019
EL CORRO

‘Una plaga de garrapatas’ (sic)

La comisión parlamentaria que presuntamente iba a investigar el expolio y almoneda de las cajas de ahorro de Castilla y León ha concluido igual que empezó, esto es, con la ratificación del vergonzante y bochornoso pacto entre PP y PSOE para taparse mutuamente sus vergüenzas y sustraerse a las responsabilidades políticas compartidas en el desaguisado.

Coherentes con el obstruccionismo que ya se reflejó con el veto común a la mayor parte de las comparecencias solicitadas por los demás grupos, populares y socialistas han aparcado aquí sus diferencias para impedir al alimón que la comisión acordara unas mínimas conclusiones que debían haber resultado palmarias. El PP, negando la menor responsabilidad de la Junta en tamaño desastre, que es tanto como negar que el sol sale por el este y se pone por el oeste. El PSOE, argumentando torticeramente que sus propias conclusiones ya eran suficientemente serias «y en buena medida autocríticas» (?). Y al no existir conclusiones no ha lugar a debatir las mismas ante el Pleno de las Cortes, dando carpetazo parlamentario a tan vidrioso asunto.

Discrepo sin embargo de quienes afirman que la comisión no ha servido para nada. Pese a la era de la posverdad y de las ‘fake news’ que nos asola, hay evidencias difíciles de ocultar o tergiversar. Y pese a sus muchas restricciones —se han excluido más de 30 comparecencias que debieran haber sido inexcusables, al tiempo que sobraban, por reiterativas o superfluas, la mitad de las que se han producido— la comisión ha constatado la instrumentación política y la podredumbre moral que anidó en las extintas entidades de ahorro radicadas en Castilla y León (todas ellas disueltas hoy en bancos domiciliados fuera de esta comunidad autónoma).

Se ha demostrado por confesión de parte que las comisiones de control no controlaban nada. Y siendo cierto que los organismos revisores del Estado (Banco de España y CNMV) toleraron el desgobierno de las cajas, la Junta incumplió igualmente el deber legal encomendado de velar y tutelar su correcta gestión. Así como que, en lugar de ejercer dichas obligaciones, fomentó la politización de los órganos de gobierno, a la vez que, en comandita con el PSOE, medió en su reparto por cuotas de partido y en la designación de casi todos sus presidentes. Todo lo anterior antes de que ambos, Junta y PSOE, trataran de pilotar el proceso de fusiones que iba a dotar a la comunidad autónoma de un auténtico «músculo financiero».

Si habrá quedado claro lo ocurrido que el presidente de la comisión, alguien tan poco radical como el procurador Manuel Mitadiel (Cs) ha llegado a la conclusión de que buena parte de los responsables de las desaparecidas cajas constituyeron «una plaga de garrapatas». Se puede decir más alto, pero no más claro.

‘Una plaga de garrapatas’ (sic)
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