sábado 19.10.2019
fuego amigo

Maestro Modesto Llamas

El jueves alcanza Modesto Llamas Gil la meta de sus noventa años, a la vez que cumple los setenta de su ingreso en Bellas Artes, donde se licenció en 1953, antes de emprender su viaje a París. Allí descubre que el imaginario levemente desvelado por su maestro Demetrio Monteserín, en la tertulia de sus clases del barrio de San Esteban y luego de la Condesa, efectivamente había existido. Pero no está Modesto entonces disponible para la aventura parisina, sino urgido por el repliegue a León, donde organiza su vida en sintonía con Petra Hernández (1926-2014), su mujer y compañera de aventura pictórica.

Petra coloniza las estancias de un realismo luminoso, capaz de viajar desde la magia del asombro a la decantación documental. Y a su vera, Modesto combina las clases oficiales, como catedrático de dibujo del instituto, con las más vocacionales del estudio, donde ensaya y enseña unos resortes académicos sólidamente adquiridos. Pero al margen de sus discípulos de pincel, he de confesar cómo las ilustraciones seductoras de Modesto Llamas acompañaron a los lectores de varias generaciones leonesas en su primer descubrimiento de nuestros escritores de entonces. Hablo concretamente, entre otros muchos, de Francisco Umbral, de Jesús Torbado y de Luis Mateo Díez, cuyos primeros relatos premiados por la diputación ilustró para la revista Tierras de León, que fue una de nuestras ventanas accesibles a los primeros brotes de la literatura leonesa en los años sesenta.

Pero la función de Modesto Llamas en la plástica leonesa de posguerra no fue sólo ni preferentemente esa, sino uno más de los muestrarios de una tarea siempre constante, indesmayable e intensa. Labor jamás acomodada a las destrezas académicas de su formación, sino resuelta con pasos decididos hacia una expresión personal más libre, que desemboca en esa gestualidad dinámica capaz de mantener siempre el equilibrio cromático de sus composiciones. Son audacias construidas sobre la solvencia de un conocimiento técnico contrastado e incontestable. Con un compromiso sin renuncios ni desmayo en la contribución al desarrollo estético de sus contemporáneos, entre quienes figuran desde sus antiguos alumnos a los cómplices sucesivos.

Tener cerca a un artista señero, como Modesto Llamas Gil, es un lujo cívico que sólo cumplirá su plenitud si nos molestamos por seguir la secuencia ordenada de pasos que marca su evolución desde el academicismo inicial a la libertad cromática y compositiva de sus obras más recientes. Una experiencia admirable y singular que los leoneses pudieron disfrutar en la exposición retrospectiva de 185 obras celebrada en el Centro Leonés de Arte a finales de 2013. Como artista generoso, seguirá compartiendo su aventura con nosotros.

Maestro Modesto Llamas
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