martes 17.09.2019
CUARTO CRECIENTE

Memoria congelada

AFranco no le van a sacar del Valle de los Caídos. De momento. El dictador seguirá enterrado en su mausoleo por decisión judicial. Cobijado por una enorme cruz. Bajo un monumento levantado por presos republicanos que sufrieron las represalias del régimen.

Da vergüenza.

Franco quería que solo Dios y la Historia, con mayúsculas, le juzgaran. Franco, que estaba convencido de que el golpe de Estado que derribó la Segunda República después de una guerra de tres años que desgarró España había sido una cruzada contra el comunismo y el anarquismo y la masonería y los malos españoles.

Y fue en primer lugar un golpe de Estado contra la democracia. Contra las reformas de un gobierno de izquierdas en una España clientelar. Un golpe de Estado que provocó, como efecto colateral, un intento de revolución anarquista y comunista. Violencia que engendra violencia. Terror que se contagia.

El problema es que cuarenta años después de la muerte del dictador y de la restauración de la democracia, una democracia sin ruptura que no trajo otra república, sino que recuperó la monarquía anterior, todavía hay —y ya no les da vergüenza reconocerlo—quien pretende blanquear la obra de Franco. Quien asume que fue necesario. Quien defiende su legado. El ¿lapsus? del Tribunal Supremo, cuando le considera jefe de Estado desde el 1 de octubre de 1936 —a pesar de que la República sobrevivió tres años más— en el auto que suspende su exhumación es un síntoma de que España todavía no se ha librado del fantasma de Franco. Es una sombra que nos persigue.

Y la reconciliación no se puede construir bajo la impunidad —los crímenes del franquismo, con más de cien mil víctimas en fosas comunes nunca se han enjuiciado— y una Ley de Amnistía que si en 1977 cumplió alguna función, hoy resulta inaceptable en un Estado democrático.

A Franco había que haberlo sacado del Valle de los Caídos hace cuarenta años. Ese es el tiempo que llevamos con la memoria congelada, en expresión del último guerrillero antifranquista que operó en el Bierzo, Francisco Martínez Quico. Y me temo que así seguirá nuestra Historia con mayúsculas, en el congelador, mientras el dictador reciba honores de jefe de Estado reposando en un mausoleo.

Memoria congelada
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