sábado 19.10.2019
FUERA DE JUEGO

Mentiras de pueblo

Auno le otorgaron el privilegio de nacer en Ponferrada, algo de agradecer si se tiene en cuenta que a ninguno de mis progenitores le figura tal hecho en el DNI. Pero no es extraño en una ciudad de caminos, que siempre vivió en torno a un puente hasta que no hace tanto le surgieron ‘rivales’. Ese puente, que protagoniza el escudo de la ciudad, muestra dos casetas en sus extremos que no pocos historiadores achacan al ‘peaje’ que se cobraba en él, un hecho que arruina la vieja teoría del Puente de Hierro y lo convierte en un Puente Cerrado. Era aquel puente del Obispo Osmundo —que nomina mi calle de toda la vida— al que se le otorgan galones de fundador de la ciudad (XI) a pesar de que en el suelo del Castillo hay restos de asentamientos en forma de pallozas mucho más antiguas. Y todo esto ocurre en una fortaleza llamada ‘de los Templarios’ que poco tiene que ver con ellos. Apenas en su parte vieja se conservan unos muros de aquella época mientras el gran recinto que conocemos es más bien de la época gloriosa de los Condes de Lemos.

Hace unos días nos narraron que en otros tiempos oscuros, los de Franco, nunca hubo ese intento para matarlo que nos probaban incluso con una publicación editada en Estados Unidos. Leyenda como la de la presunta macrocumbre de maquis en Ferradillo que escuchan con sonrisas los naturales de este pueblo, mientras los más veteranos en Ponferrada alzan las cejas al escuchar que a Girón lo expusieron en un escaparate de la ciudad, porque no fueron pocos los que acudieron al depósito del Cementerio del Carmen donde sí fue mostrado a quienes decían poder identificarlo para comprobar que era su cadáver.

Así se escribe la historia en mi pueblo. Donde nos dicen que no hubo alcalde del PSOE en 24 años en un ejercicio de desmemoria nada inocente. Lo hacen los de siempre, mirando sin rubor al que aún está dentro de la corporación votado por una facción socialista. Esos a los que les fue bien con Celso, mejor con Ismael y con López Riesco rozaron la plenitud. Todo esto pasó en el siglo de la MSP, que empezó con un abogado que mintió a los dueños de los terrenos expropiados para sacarles las escrituras diciéndoles que les lograría más dinero. Suelo para hacer la siderurgia que nunca llegó. Y el XX se cerró sin tren, sin empleos y, eso sí, con ese terreno lleno de ladrillos y solares especuladores, con el cráter del viejo Carrefour que debería quedar así como recuerdo a tanto embuste.

Quizá por ser ponferradino, se me hace tan cuesta arriba convivir con mentirosos.

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