miércoles 22.01.2020
TRIBUNA

El nuevo universo sonoro de la Catedral

Hablar de la catedral de la luz, en relación con la Catedral de León, es un hecho evidente y reconocido desde su nacimiento hace siglos, pero no ha sido así considerar también a esta misma Catedral como la catedral del sonido. Sin embargo, desde septiembre de 2013, debemos acostumbrarnos a que así sea. El majestuoso y sublime universo sonoro surgido del nuevo órgano, tan deseado por muchos leoneses y recientemente inaugurado, se ha unido a ese otro universo lumínico, igualmente majestuoso y sublime, de las vidrieras y los espacios vacíos, haciendo de esta catedral un atractivo aún mayor, si cabe, para los visitantes.

En efecto, la Catedral de León, conocida mundialmente por la luz de sus magníficas vidrieras, se ha convertido también, casi por arte de magia, en la catedral del sonido. Es cierto que la música —el arte del sonido— ha estado siempre presente en la catedral, a través del canto coral y de un humilde órgano, y asimismo es bien patente —esta presencia de la música— en multitud de alusiones pictóricas y escultóricas, en las vidrieras, en la piedra y la madera (como puso de manifiesto el espléndido audiovisual sobre la catedral, del artista leonés Manuel Martín). Pero ahora, parece como si todo ese cosmos musical de la catedral —silencioso y petrificado— hubiera explosionado, a través del universo sonoro del magistral órgano Klais. Este nuevo órgano de la catedral de León, como dice el organista Giampaolo di Rosa, en unas notas al programa del actual Festival de Órgano, es un monumento del ingenio humano capaz de ejecutar todo tipo de música; con este instrumento se materializan las posibilidades realmente infinitas de producir continuamente el sonido con todos sus colores, dice di Rosa.

Así pues, la luz y el sonido, dos fenómenos de la naturaleza de los más misteriosos y desconocidos aún por la ciencia, se han fusionado en un abrazo de fascinante armonía en la catedral de León. La luz y el sonido, dos lenguajes universales, en los que el hombre no ha podido penetrar para nacionalizarlos y fraccionarlos, como ha hecho con el lenguaje verbal; ahí radica la universalidad de las artes plásticas y de la música, lo mismo puede disfrutar un español que un chino de ese doble mundo lumínico y sonoro de nuestra catedral. Y esto abre más expectativas aún para los visitantes de este templo sagrado y universal, y por ende, para la ciudad de León; no es preciso un intérprete, todo ser humano puede acceder al disfrute personal y directo de esos dos universos que encierra, a partir de hoy, nuestra catedral.

Y bien, ¿cómo ha sido posible este milagro después de siglos de existencia de la catedral? Las grandes realizaciones humanas son siempre la consecuencia de diversos factores, pero, mostrando nuestro profundo agradecimiento a las entidades patrocinadoras y colaboradoras, y a otras entidades y personas que han participado en la realización de este sueño, sin cuyo apoyo no se habría hecho realidad, es preciso resaltar, hoy aquí, por un lado, el ánimo y el esfuerzo de la asociación Amigos del Órgano Catedral de León, que a lo largo de tantos años ha confiado plenamente en este proyecto y lo ha defendido hasta el final; por otro, es de estricta justicia reconocer la fe, el trabajo, la entrega y la profesionalidad de dos ilustres leoneses, Adolfo Gutiérrez Viejo y Samuel Rubio Álvarez, a los que esta ciudad debe tanto en el campo de la música. Adolfo fue el iniciador, quien tuvo la feliz idea, hace ahora treinta años, de crear el Festival Internacional de Órgano Catedral de León. Fui testigo directo de este alumbramiento, siendo yo director del Conservatorio, y Adolfo, mi asesor amigo en aquellos momentos. En las manos de este músico, de imaginación desbordante y ejemplo de dignidad y profesionalidad artísticas, estuvieron los primeros festivales y por su mente comenzó a fluir la idea de un nuevo órgano para tan grandiosa catedral. Él, como versado organista, contactó desde el comienzo con ilustres organistas, como Jean Guillou y otros, y él mismo ha colaborado en casi todos los festivales y ha seguido apostando por la realización del sueño inicial. Pasado el testigo a Samuel, el actual director del Festival, éste ha sido el digno continuador y responsable de tan ambicioso y arriesgado proyecto, y el que, con un inmenso tesón y en medio de grandes dificultades de todo tipo, ha sabido llevarlo a término. Sus nombres han de permanecer para siempre en un lugar digno de la catedral.

Pero ¿y ahora qué? Esta es la gran pregunta, ¿sabrá esta ciudad responder, con dignidad y la exigencia debida, a tan alta responsabilidad? ¿El futuro del magnífico órgano va a ser el mismo que el del «flamante» auditorio, en cuanto a la programación musical? No debería ser así, pues el auditorio fue el fruto de una falta de proyecto sensato y del excesivo personalismo de las instituciones, sin la creación de un Patronato que aunara todas las instituciones leonesas y sin haber tenido en cuenta si era o no viable para una ciudad como León. El nuevo órgano, en cambio, ha surgido de un proyecto serio en el medio más idóneo, justo y adecuado: la catedral. Por tanto, todos los leoneses —y en especial las instituciones— hemos de apostar por su futuro, todos deberíamos hacernos responsables, pues este proyecto, hecho ya realidad, es, sin duda hoy, una de las mejores señales de identidad para los visitantes de nuestra ciudad.

Así pues, con el fin de no limitar el nuevo órgano a los Festivales anuales, éstas son mis modestas ideas. Se debería crear, sin dilación, la plaza de órgano en el Conservatorio de León para fomentar el conocimiento y la práctica del rey de los instrumentos musicales; llevar a cabo periódicamente cursos, seminarios, conciertos y otros eventos, alrededor de la catedral y su nuevo órgano, para atraer a los profesionales y amantes de este grandioso instrumento, y convertir a León en un centro europeo y mundial de la música para órgano, en el incomparable marco de la catedral; vincular, a estas tareas, algunas de las actividades musicales de la ciudad, como las del Conservatorio, la Fundación Eutherpe, Juventudes Musicales-ULE, los coros de la ciudad, etc. Y finalmente, incorporar a las modernas y eficaces audio-guías de la catedral, la majestuosa presencia del nuevo órgano para enriquecimiento de la propia catedral.

El nuevo universo sonoro de la Catedral
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