lunes 21.10.2019
EL CORRO

¿Quo vadis, Albert...?

La ambigüedad, más o menos calculada, es un elemento omnipresente en la política; en la vieja, en la nueva y en la mediopensionista. Lo deseable es que no existiera y que el ciudadano conociera con precisión y nitidez lo que defiende cada cual, pero los políticos no renuncian a una coraza que, al tiempo que les permite ampliar su espacio, les ofrece la posibilidad de no enseñar todas sus cartas hasta que no les quede otro remedio.

Pero una cosa es esa ambigüedad más o menos aceptada y otra es la volubilidad en que se ha instalado la política española, en la que de la noche a la mañana se cambian postulados sin ningun tipo de explicación, lo mismo que a menudo escuchamos declaraciones que contradicen las realizadas por el mismo personaje el día anterior.

En esta ceremonia de la confusión se está llevando la palma Ciudadanos, precisamente el partido que enarbolaba la bandera de la transparencia y la regeneración democrática. Lejos de tan loables propósitos, la formación naranja no para de sembrar desconcierto y confusión, rebasando las fronteras de la ambigüedad para incurrír en continuas incoherencias entre lo que proclama y lo que hace.

Su política de pactos, basada en un cordón sanitario hacia el PSOE al tiempo que blanquea a Vox y se sirve de su apoyo, tiene perplejo a todo el mundo, comenzando por gran parte de sus propios electores. Y el caudillismo con que maneja el partido Albert Rivera no tiene parangón ni siquiera con el que ejercieron en su momento José María Aznar o Felipe González. O se hace lo que dice Albert o se opta por lo que diga Rivera, no hay otra elección. Ya lo estamos viendo en Castilla y León, donde se ha puesto por montera al cambio y la regeneración que propugnaba.

Y lo grave es que Albert Rivera anda como pollo sin cabeza, dando tumbos y palos de ciego sin rumbo conocido. Supuestamente aspira a liderar la derecha, pero no hace otra cosa que apuntalar al tambaleante PP de Pablo Casado. Hoy me cabreo con Valls y rompo con él porque me está dejando en evidencia. Y al día siguiente huyo hacia adelante y consigo que me deje por mentiroso Macrón. Y así sucesivamente. Cansado de tanta veleidad y oscurantismo, Toni Roldán, uno de sus más prometedores, diputados dió ayer un portazo a un partido que está completamente a la deriva. ¿Quo vadis, Albert...?

¿Quo vadis, Albert...?
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