sábado 07.12.2019
EL AULLIDO

Riello

Mientras Occidente se está cayendo de culo el Ayuntamiento de Riello, en el pleno extraordinario del reciente ocho de agosto, acaba de aprobar poner el nombre del poeta del lugar Luis Miguel Rabanal a una de sus calles, que viene a ser algo así como derramar una nostálgica lágrima por la revolución que no pudo ser, o encenderle una simbólica vela a la inteligencia y otra al ingenio ahora que ha quedado imborrablemente claro que la ambición y el individualismo político cuartelero no nos salvarán.... ¿Es que ya ni preocupa a nadie que esté quedando aquí también claro que no han venido a la política a ganarse el pan sino el caviar?... ¡En efecto León no tiene mar y ese mar que no tenemos jamás está en calma, como el Cantábrico perpetuamente encabronado!

Vale, hay una guerra en marcha pero al poeta en buena hora le han puesto una calle allí. Sí, Riello, en el corazón de esa urdimbre de belleza y verdor que es Omaña, pone así un estrado a la poesía diciendo sin decirlo que toda esa villa y esa comarca de increíble belleza son paraje y fonda para nuestra alma. Una calle para uno de esos héroes que no podemos seguir. Una figurada corona de laurel para el poeta en silla de ruedas que, sin proponérselo ni merecerlo, nos ha enseñado con su arduo rodar y pervivir que existe una quietud llena de ritmo.

Me inicié en la obra de LMR gracias a otro heterodoxo, el añorado Antonio González-Guerrero, que me regaló un libro del omañés publicado por la Agrupación Hispana de Escritores y titulado Obdulia Azul. Desde entonces leo con oscuro fervor a este sentimental al que las circunstancias han convertido en bárbaro, como él mismo se define. Y le disfruto con una sonrisa colmada en su lado más crápula –así los inquietantes libros eróticos Casa de Citas y Elogio del Proxeneta-, y le descifro iluminadoramente en su registro más críptico y perturbador —Cáncer de Invierno, etcétera—... Pero su poesía última, más directa y confesional, más decisiva por ser el sustento de su vida y el condimento de la nuestra, es rica en metáforas que si se cayeran al suelo harían un agujero.

La alta creación, y este poeta bien lo sabe, brota perdurablemente en la gente talentosa que, además, ha sido formada en la universidad del dolor. Y es el dolor, para liberarlo o soportarlo, para maldecirlo o conjurarlo, el país pirata desde el que escribe este omañés sangrante que, como decía Juan Carlos Onetti, sólo mientras escribe se sabe aún agarrado a la cola de la vida y por eso no derrama los versos en vano porque le hacen falta todos, y a nosotros también. Gracias pues al Ayuntamiento de Riello por decir sin decir esto que escribo...

Y le cambio al cielo una columna por una estrella incendiada que te ilumine la vida.

Riello
Comentarios