sábado 24.08.2019
NUBES Y CLAROS

Una señal

Sobre todo el tejemaneje de la política que nos asola vuela rapiñera el ansia de atrapar, sea lechón o carroña, no tanto cuanto sume a lo propio como cuanto reste al más cercano rival. El fuego amigo es una broma en los tiempos que corren. Aquí la artillería pesada es lo primero que se calzan los candidatos cada mañana. Contra todo, contra todos. Pasado el primer examen general (que poco tiene que ver con los intereses de andar por casa, según se anticipa), ruedan revólveres en dedos ágiles para saldar cuentas en duelos quién sabe si al más veloz o al que más trampantojos dibuje para difuminar la realidad. Ojalá dispare primero el más eficiente.

Queda en todo caso por delante un ejercicio de encaje nacional, autonómico y local (al olvidado y nunca bien valorado nivel europeo ya veremos) que adelanta un escorzo ideológico y de principios de mercadillo nunca antes visto. Quizá ahora más que nunca las multiplicadas fuerzas políticas sean más esclavas de sus proclamas que de sus silencios. Más que nada porque aquí nadie calla. El ciudadano sospecha que incluso aquí nadie piensa, razona, medita, calcula, mide, anticipa, plantea negocia, sopesa,...

Nadie parece ver más allá de sus insignificantes narices, mientras el país tiembla con la perplejidad de quien viaja en un tren sin frenos que no encuentra quien evite a tiempo la explosión que espera al final de una vía en la que concluye, abrupto y estúpido, el recorrido.

De repente, un espíritu sobrevuela el escenario de mediocridad falto de miras. Con el inicio de la campaña se apaga, en un absurdo vendaval, como son todos los que nos privan de lo que merece la pena, una de las velas que mejor ha sabido guiar los timones de la democracia. Ni una rock’n roll star ni un obrero de la política. Alguien a quien todos han reconocido siempre una enorme capacidad de diálogo, una habilidad especial para acercar posturas irreconciliables, una altura de miras que puso los objetivos por encima debía ir más allá de los partidos y los partidarios. El negociador, desde los más absurdos quistes partidistas a los más enquistados dramas del terrorismo etarra. El químico que lo fue todo en la política y supo volver a las probetas de sus aulas. El hombre de Estado que pugnó también por dibujar el futuro de su partido. Una prematura muerte que quizá sea una señal. La que guía hacia una necesaria química del diálogo. Por la memoria de Pérez Rubalcaba, sea.

Una señal
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