sábado 14.12.2019

TRIBUNA | Soñador

Tengo en el recuerdo lejano, pues ha ido quedando atrás en el tiempo, a un leonés, fornido y de aspecto bonachón, al que llamábamos soñador, tanto por sus ideas (en general) que considerábamos peregrinas, como por su comportamiento adormilado, lento de reflejos. Supongo que a él le habrá pasado algo parecido, teniendo que esforzar la memoria para recordarnos junto al remoquete aquél de la etapa juvenil vivida. Creo recordarlo, también, en el movimiento leonesista, compartiendo calle y reivindicación en momentos transcendentales autonómicos. 


 Pues bien, ahora yo, como leonés comprometido, leonesista de sentimiento desde «siempre», demasiadas veces me inclino a considerarme soñador, por reiterante en la reivindicación de la identidad y personalidad leonesas que venimos dejando que fluctúen desvaídas, y la labor de la intemperie, léase dejación sentimental, cumpla una labor devaluadora, al ir flojeando y no sólo de nombre, sino decayendo en la autoestima como leoneses. Si perder de vista una supuesta tolerancia, por cansancio, del ente que nos fagocita.


Cuando leía el reciente artículo reivindicativo del Parador de San Marcos, cuya autora era Inés Prada, y es de agradecer por su preocupación, comprobé cómo en uno de sus párrafos quiso dejar señalado que el gentilicio castellanoleonés, es de todo punto incorrecto, desde la propia letra del Estatuto de Autonomía, dañino incluso para nuestras propias señas de identidad.


Nunca lo hemos aceptado, añado, por el propio dolo que comporta desde sus orígenes políticos, y es bueno que todos los leoneses, que sin más zarandajas como tales se consideren, rechacemos de plano la fusión señalada. Quienes conocen mi postura leonesa, puede que consideren corta la preocupación que introduce Inés Prada, quizás lo sea, pero siendo real y de base, me parece un buen paso reconocerlo, decirlo e incluso pedir su práctica diferenciadora de forma contumaz. 


Cada vez resulta más difícil mantener un hálito de esperanza en el comportamiento de los políticos de más alto rango partidista, a quienes en mayoría votan una y otra vez, para que, de tantas, ni en una nos sea favorable su actuación como leoneses, nos olviden y se olviden de lo leonés bajo la presión partidista.


Los leonesistas, adornados con los ropajes políticos, ejerciendo en tal práctica, y con más amplia repercusión acomodados en UPL, no consiguen ilusionar al electorado leonés, lo acabamos de comprobar en los pasados comicios. O puede que mejor debiera decir que los leoneses olvidándonos pertinazmente de quienes somos, o lo que estamos permitiendo que autonómicamente nos obliguen a ser, no fuéramos capaces de ver en el voto a esta formación el modo de llevar la voz al Parlamento de la nación para decir que vivimos y existimos. 


No soy el único leonesista soñador, la concejala por UPL, Maite Fernández a quien la gustaría mantener las diferencias vivas y operantes de lo identitario leonés, según nos ha contado en este medio, se siente dispuesta a luchar por revertir la situación borrosa a la que nos han llevado los 36 años de pertenencia al ente autonómico. Sin futuro. No es esta la situación, la de amarre indeseado con la que ella «sueña para nuestra tierra». Por ello se compromete a tratar de alejar la forzada despersonalización y abandono socioeconómico a los que nos somete una comunidad que, por otra parte, no vemos como nuestra.


Lo lamentable es que nuestros conciudadanos no quieren percibir cómo los dirigentes autonómicos lejos de ayudarnos nos ponen todo tipo de zancadillas, actuando los políticos «nuestros» con anuente conducta que lo agrava aún más. 


Y los políticos que van al parlamento nacional y al Senado, la mayoría también con resabios pro comunidad manifiestos, no van a jugar en nuestro favor aunque hayan sido investidos con el voto que buena parte de leoneses les ha regalado. Se comprende mal y se digiere aún peor. 


Desde aquellos primeros momentos preautonómicos, en los que un día soñé que nuestro paisano, poderoso y todoterreno político, Martin Villa, nos pretendía colocar, si así lo decidíamos los leoneses, a la cabeza de un ente que llamaba León-Castilla, hasta hoy, cuando bien al contrario estamos viajando maniatados en el furgón de cola, y sin farolillo rojo, cual débil luz que se agota ¡mantenida por el hálito identitario!


La consunción nos amenaza. Lo queramos o no estimar así, no hay reacción defensiva, lo dejamos pasar, en tanto a muchos un trémolo casi imperceptible, a modo de escalofrío, nos avisa que alguien, invadiendo nuestro carril, va a darnos la embestida final. 


En el espejo de Teruel Existe, no estaría mal que nos miráramos con detenimiento reflexivo; su propuesta ciudadana de unión y compromiso es claro ejemplo de que todo es posible; al menos ahora tendrán voz en el parlamento de la nación, se harán visibles y plantarán demandas y quejas, porque ellos, los turolenses, también tenían antes, como nosotros, políticos ocupando escaños, pero a la voz del amo, su partido. Ahora el procurador alcanzado es ¡la voz de pueblo! ¿Para cuándo el leonés? 


Me complace cerrar estas líneas con las palabras del actual alcalde, ¿esperanzadoras? Las veo a caballo de la histórica pancarta/frase «Somos socialistas pero antes leonesistas». «Hay que dar la batalla por la autonomía de la región leonesa», ha dicho, ¡por nuestro pasado histórico como reino de León! 


Ha suscitado un debate, reavivarlo, pues no ha estado cerrado nunca. Reconocerlo es el sueño inacabado. Pero la Constitución no es la resaca, es la alborada. ¡A por ello! 

TRIBUNA | Soñador
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