lunes 18.11.2019
TRIBUNA

TRIBUNA | Suscribirá un fondo sostenible y todavía no lo sabe

Si bien es cierto que en banca privada ya se ofrecían productos extranjeros, invertir hoy en este tipo de fondos es cada vez más accesible para el cliente minorista ya que en España se comercializan cerca de 200 fondos de esta categoría
Yawar Nazir Alonso
Yawar Nazir Alonso

A principios de verano acudí por invitación de un amigo a una presentación organizada por la firma consultora que dirige. En ese acto, una serie de empresas leonesas desgranaron su catálogo de buenas prácticas (medioambientales, empleo de calidad, etc.). Al final no pude menos que dedicar unas pocas palabras animando a los asistentes a seguir haciendo lo que ya es una realidad en el mundo de la inversión, puesto que aplicaban criterios ESG (Environmental, Social & Governance) o en lengua española, ASG (Ambientales, Sociales y Gobernanza). Este hecho, así como largas conversaciones de sábados de verano con un amigo, responsable del área en una multinacional española, me ha llevado a escribir unas líneas sobre algo que no es un futuro prometedor sino que es totalmente presente.

Hasta ahora los criterios de inversión se fijaban exclusivamente en la rentabilidad, siendo testimonial la existencia de fondos de inversión éticos, que no invertían en determinados sectores, como en la industria de armamento. E incluso los sharia funds ajustados a la ley islámica, que no pueden invertir en compañías comercializadoras de alcohol u otros productos haram ni en bancos como los que conocemos, ya que tienen prohibido el cobro de intereses al considerarlo usura. Desde hace poco se venden fondos temáticos o de megatendencias como los que se focalizan en gestión del agua y residuos, energías renovables o hábitos saludables de vida. Hace años no había ni el más mínimo atisbo de lo que estaba por llegar, sólo la prudencia y el sentido común evitaban conflictos. Recuerdo a principios de los 90 cancelar a última hora una reunión con una compañía cotizada dedicada a la charcutería porque nos pareció que podía ofender a los representantes de un fondo soberano de un conocido Emirato del Golfo Pérsico.

Desde hace unos años, fruto de la creciente presión de reguladores, inversores, instituciones internacionales, agencias de calificación y la sociedad, se observa un peso creciente de la Inversión Socialmente Responsable (ISR), caracterizada por la aplicación de criterios Ambientales, Sociales y de Gobernanza (ASG) en los procesos de análisis y valoración de activos como en la construcción de carteras. Se combinan con el análisis financiero para evaluar oportunidades de inversión, yendo mucho más allá de las iniciales directivas medioambientales, alejadas del ecopostureo y ligadas a la transición a una economía baja en emisiones. No obstante, debe quedar claro que no se trata de invertir solamente porque una empresa sea sostenible, sino que tiene que ser rentable. De hecho, los pocos estudios que se han realizado hasta ahora demuestran que el performance de estas inversiones no es menor que aquellas realizadas sin tener en cuenta los citados criterios.

En los últimos meses las entidades de crédito españolas han comenzado a impulsar sus áreas de banca sostenible, incluyendo estos objetivos como prioritarios, al igual que en su día fue la banca digital en sus planes estratégicos. De esta manera en algunos casos se transforma su Dirección de RSC (Responsabilidad Social Corporativa) en Dirección de Sostenibilidad, así como los Comités de Inversiones aplican un número de indicadores ASG además del filtro de la valoración financiera. Incluso, dada su importancia, ya existe una asociación de entidades que promueven la Inversión Socialmente Responsable (ISR), Spainsif, presidida por mi antiguo profesor de Política de Empresa en el MBA, Joaquín Garralda.

La banca generalista está empezando a crear gamas de fondos ajustados a estos criterios. Si bien es cierto que en banca privada ya se ofrecían productos extranjeros, invertir hoy en este tipo de fondos es cada vez más accesible para el cliente minorista ya que en España se comercializan cerca de 200 fondos de esta categoría.
No sólo la banca se apunta a esta tendencia, también las compañías de seguros. Como dato, de los 710 millones de euros netos invertidos por la Mutualidad de la Abogacía en 2018, 166,5 millones, el 23,45%, han sido destinados a activos sostenibles y socialmente responsables.

También cabe señalar que ya se están comercializando «hipotecas verdes», préstamos en los que se bonifica la compra de una vivienda que sea eficiente energéticamente con rebajas que oscilan entre 0,10–0,20%, utilizando compañías de certificación para la calificación energética (Passivhaus, Leed, Breeam…).
Pero, cuáles son los pilares de la filosofía ASG:
—Ambientales: Hace referencia a aspectos relacionados con la gestión del agua, de la energía o de los residuos, calidad del aire, así como biodiversidad.
—Sociales: Analiza asuntos internos de las empresas como la propia diversidad de la misma, derechos humanos, cuestiones sanitarias, condiciones laborales, seguridad o se fijan en que los proveedores cumplan estándares mínimos. 
—Gobernanza: Centrada en el gobierno corporativo, la gestión de la propia compañía, independencia del consejo de administración, remuneración de los directivos, estrategia fiscal, relación con los accionistas, gestión del riesgo, ética en los negocios, conflictos de interés, comportamientos competitivos o corrupción.

Ya se ha mencionado en estas páginas en un artículo anterior el planteamiento de Norges acerca de la exclusión de Endesa de la lista de entidades invertibles por quemar carbón. Endesa ha decidido recientemente cerrar sus térmicas, simplemente por el coste de la materia prima unido al de los derechos de emisión, máxime cuando hay otras alternativas energéticas más baratas y que cumplen mejor con los criterios ASG. Por cierto, Norges es el gestor del fondo soberano noruego, con activos bajo gestión superiores a la totalidad de las empresas españolas cotizadas en bolsa y el Parlamento noruego ha aprobado hace escasos días la desinversión en compañías petroleras y aquellas ligadas al carbón. Ahora que llegan elecciones oiremos a alguna formación local lanzar proclamas populistas en favor del carbón nacional, que como se puede ver y sin entrar en otras consideraciones, están totalmente alejadas de la realidad, cuando no un intento de engaño a los afectados.

Varios son los métodos que utilizan los gestores para calificar las potenciales inversiones como elegibles bajo estos criterios. En las grandes compañías puede desarrollarse un sistema interno añadido a sus departamentos de análisis con sus propias calificaciones de sostenibilidad para evaluar si un valor es apto o no. Dada la tendencia de los anglosajones a inventar palabras, ya se habla de sustainalytics.

En otros casos, se hace uso de recursos externos, eligiendo valores que están incluidos en índices ad hoc, como el Ftse4Good creado en 2001 o el Dow Jones Sustainability Index. Este ultimo, creado en 1999, incluye 15 empresas españolas de un total de 318.

También son de ayuda los ratings como el Morningstar Sustainability Rating, que pretende ayudar a los inversores a evaluar si un fondo ISR está cumpliendo o no su mandato. Y en el mismo sentido VDOS.

Por último, señalar que en algunos países existe un sello acreditado por la auditoría de un cuerpo independiente, como el SRI label aprobado por el Ministerio de Finanzas francés. No estaría de más algo parecido en España. Pero de una Ministra de Hacienda en funciones que presume que donde mejor está el dinero de los ciudadanos es en manos del fisco, poco razonable se puede esperar.

TRIBUNA | Suscribirá un fondo sostenible y todavía no lo sabe
Comentarios